¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS NECESITADOS
(hombre, casado, 2 hijas, trabaja en caritas, pertenece a movimiento seglar)
Hay dos aspectos de Simeón y de Ana que me llaman bastante la atención en esta lectura. Por un lado hay una actitud, una apertura de corazón para reconocer y recibir a Jesús en sus vidas. Y por otro lado, están en el lugar adecuado para encontrarse con Jesús.
Esto me hace pensar en dos aspectos en mi vida. Primero, el lugar del encuentro. Es cierto que Dios está en todas partes, y debemos estar abiertos a lo imprevisible, pero también es cierto que poco a poco he ido descubriendo mi lugar en el mundo, lugar, en sentido amplio y no solo geográfico, en el que siento que soy feliz, y donde voy descubriendo el proyecto de Dios en mi vida. Ese lugar ha sido, y espero que siga siendo, el mundo de la pobreza y la exclusión, y en ese “lugar” Dios se manifiesta con fuerza, con intensidad.
Testimonios de vida, historias difíciles, esperanzas, miedos, sueños… es un lugar donde Dios está presente y, paradójicamente, se hace difícil en ocasiones verlo cuando descubres todo el dolor, el sufrimiento y la injusticia que allí está presente.
Eso me lleva a plantearme el segundo aspecto, la apertura de corazón. Ante el sufrimiento y la exclusión, ante el dolor, creo que lo que nos queda es compartir nuestras vidas, para tratar de transformar juntos la realidad, para soñar juntos el sueño de Dios, un mundo más justo para todos. Abrir el corazón, para encontrarnos con quienes sufren, caminar juntos y descubrir en la injusticia la mano de Dios que nos llama a cambiarlo todo y ser felices. Y no olvidar que en mi vida, ese es el lugar donde un día, José y María pasaban con Jesús entre los brazos.
DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Simeón reconoció a Dios en el pequeño Jesús, yo también reconozco que Dios se hace presente en mi vida. Ahora que me toca hacer un parón forzado por un problema de salud (lo que me ha permitido tener mucho tiempo para reflexionar), me doy cuenta que a veces paso días tan metida en proyectos, actividades, responsabilidades, compromisos, que entre tanto ajetreo me olvido que Él está ahí, a mi lado. Paso tiempo centrada en mi ego: lo que quiero, mis dificultades, mis problemas. El Señor estaba ahí, sí, pero queda difuminado, es como el amigo invisible. Pero afortunadamente él no se cansa, y me da un toquecito para hacerse visible, para que le preste atención, para que no me olvide que no soy yo, sino que el que maneja los hilos de mi vida es Él.
Yo también quiero como la profetisa Ana servir al Señor noche y día y hablarles del amor de Dios a los que se acercan a mi vida.