SEGUNDO PASO: MEDITATIO

 

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA FAMILIA Y LOS NIÑOS

(matrimonio, trabajan ambos, dos hijas pequeñas, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)

Juan era un hombre de Dios. Un profeta. Juan confiaba en que el Señor es fiel, en que va a cumplir sus promesas. No sabemos cómo imaginaba Juan que sería la llegada del Mesías. Tal vez, de acuerdo con las esperanzas de muchos en su época, esperaba un Mesías poderoso y fuerte, que se manifestase con poder y pompa… Y resultó que el Mesías era su primo pequeño: Jesús.

Nos sorprende la capacidad de Juan para ver, antes que la mayoría, la grandeza de Jesús. Para reconocer en él no sólo a un familiar, sino al Hijo de Dios. Eso nos hace preguntarnos a nosotros varias cosas: ¿reconocemos realmente a Jesús como el Cordero de Dios o nos aferramos a otros ídolos?, ¿reconocemos la presencia de Jesús en lo cotidiano?, ¿reconocemos la acción de Dios en los demás?

Por otro lado, vamos a bautizar a nuestra hija pequeña dentro de poco. En algunos lugares, el bautismo se ha convertido en una tradición que, poco a poco, se ha ido vaciando de su sentido cristiano. Así, creemos que tenemos que ser conscientes de lo importante que es este sacramento. Juan bautizaba con agua, y cada bautizado mostraba así su deseo de conversión. Nosotros seguimos utilizando el agua para bautizar, pero Jesús nos bautiza con Espíritu Santo. Nuestro bautismo no fue un hecho puntual que queda como un recuerdo, sino que nos reconoce como hijos de Dios, como miembros de la Iglesia, como hermanos entre nosotros. Ojalá recordemos y renovemos frecuentemente nuestras promesas bautismales para poder seguir dando testimonio con nuestra vida de quién es el Hijo de Dios.

DESDE LOS NECESITADOS

(mujer, casada, con cuatro hijos, voluntaria de Cáritas)

En mi tarea como voluntaria de Cáritas, tendría que esforzarme en imitar y aprender de Juan el Bautista. El actuó con humildad y reconoció a Jesús como hijo de Dios, y se los mostró a los demás.

Me pregunto porqué nos costara tanto reconocer en el otro a Dios, sobre todo si piensa diferente a nosotros. Es algo que se repite a menudo con la mayoría de las personas que acuden a Cáritas solicitando ayuda. Creo que, la mejor ayuda que de nosotros podrían recibir sería, darles testimonio del mensaje de esperanza que Dios nos da con la venida de su hijo Jesucristo y la gracia fortalecedora del Espíritu Santo.

Pidamos a Dios que como el Bautista sepamos reconocerlo y que, podamos ayudar a que otros también lo reconozcan.


Publicado

en

por

Etiquetas: