SEGUNDO PASO: MEDITATIO

 

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA FAMILIA Y LOS NIÑOS

(matrimonio, trabajan ambos, dos hijas pequeñas, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)

 

Juan gritaba dando testimonio de la presencia de Dios entre nosotros. Señalaba dónde podían encontrarle… y aun así no le reconocieron. Las tinieblas prevalecieron en muchas vidas.

Esto no es algo que pasó y que recordamos. Es algo que pasa… y que tal vez nos pasa.

Son muchos los comienzos en nuestra vida. Nuestro nacimiento, el primer día de colegio, el día de nuestra boda, el nacimiento de cada una de nuestras hijas… Estos días, sin ir más lejos, comenzamos un nuevo año.

Habitualmente, con cada inicio  renovamos nuestras ilusiones y soñamos con todo lo que podremos conseguir “a partir de ahora”. Pero también es frecuente que olvidemos algo importante: que el verdadero principio está en Dios. Que por Él, y desde Él, comenzó y comienza todo.

En tiempos de Jesús, muchos no le reconocieron, a pesar incluso de que Juan les señalaba donde mirar.

Nosotros, hoy, nos sentimos llamados a reconocer al Señor como origen de todo, a iluminarlo todo con su Palabra, para que nos ayude a caminar en su presencia.

Y, además, también a ser, como Juan, testigos de esa Luz en nuestra vida.

DESDE LA ESPERANZA DE LOS EXCLUIDOS

(hombre, casado, trabaja en cáritas con personas sin hogar)

El mensaje de Jesús es un mensaje de esperanza. Jesús se hace hombre para recordarnos que Dios es el Dios de la vida, y “el Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo”. Igual que Juan podemos ser testimonio de la luz, sembrar vida y esperanza en este mundo. Son muchas las personas que sufren la explotación, la marginación, la guerra…  son muchas las personas que sienten que no cuentan para nadie. Vivimos en una sociedad del descarte, que va expulsando a muchas personas a las periferias de nuestro mundo.

No se trata simplemente de que Jesús sea luz para todos. Creo que en demasiadas ocasiones nos recreamos en las palabras, pero se nos olvida que para que Jesús se mostrara como luz del mundo, fue necesario que Juan diera testimonio de Él, y esa es nuestra tarea, ser testimonio de la luz, anunciar con nuestra vida, con nuestro compromiso, con nuestra forma de vivir la vida que Dios es un Dios de vivos, que Dios se ha hecho hombre para que todos vivamos en plenitud, sin que nadie quede atrás.

La luz ilumina la realidad, la luz significa que todo se hace patente, que no queda nada escondido, que no hay intereses ocultos. Por desgracia, algo que percibes en bastantes personas sin hogar es la desconfianza, la sensación de que no pueden fiarse de nadie, porque han sido demasiadas las personas que “les han fallado”. Creo que ser testimonio de la luz es mostrarse con honestidad, acercarse a cada persona sin dobles intenciones, sin otro objetivo que el del encuentro de dos personas que caminan juntas buscando ser felices, sin juzgarla bajo mis criterios de vida. Ser testimonio de la luz, como Juan, es revelarse contra las estructuras injustas, aquellas que configuran la realidad y nos hacen creer que es normal que exista la desigualdad, que puedo construir mi felicidad y la de los míos a costa de la vida de la mayor parte de la humanidad.

Hoy tenemos la oportunidad de ver la realidad con otra luz.


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