¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA FAMILIA Y LOS NIÑOS
(matrimonio, trabajan ambos, dos hijas pequeñas, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)
Juan le hace a Jesús una pregunta directa a la que podía haber respondido con un ‘sí’ o un ‘no’. Pero Jesús, como siempre, sorprende; y la respuesta que envía a Juan no habla de sí mismo, sino de lo que está ocurriendo a su alrededor, especialmente a los ciegos, a los pobres, a los leprosos… a los que sufren. Ellos y su situación son lo importante para Jesús, son su mensaje, no si a Él le reconocen como Mesías y le invisten de autoridad.
Tenemos a veces la experiencia de estar más preocupados porque se nos dé el reconocimiento que creemos merecer que por los demás. Ya sea, por ejemplo, en alguna discusión en la que creemos tener razón o cuando algo se hace bien y consideramos que ha sido gracias a nosotros.
Pero, ¿y en casa? A veces nos hemos sorprendido diciéndole a nuestras hijas que “esto es así porque lo digo yo”. Nuestras hijas son pequeñas, y puede que ahora asuman esa “autoridad natural”. Pero irán creciendo y madurando en todos los sentidos. Y se darán cuenta en algún momento -si no lo hacen ya- de que lo importante no es lo que digamos que somos, sino lo que hacemos con lo que somos.
A raíz de este evangelio, y teniendo en mente la vida familiar, nos surgen algunas preguntas: ¿qué están viendo en casa nuestras hijas?, ¿cuáles son nuestras preocupaciones principales: nuestros propios deseos o el servicio entregado a los demás?, ¿creemos realmente que Jesús es el que tenía que venir o esperamos por otros mesías?, ¿es nuestra vida testimonio de esa Buena Noticia que nos trae Jesús?
No tenemos claras las respuestas. Ni sabemos si las tendremos alguna vez. Por eso le pedimos al Señor que nos ayude a seguir profundizando en nuestra fe. ¡Aprovechemos este tiempo de Adviento
DESDE LA ESPERANZA DE LOS EXCLUIDOS
(hombre, casado, trabaja en cáritas con personas sin hogar)
Jesús no responde a los discípulos de Juan con promesas. El es el Mesías y viene a anunciar que el Reino de Dios ya está aquí, y lo hace con hechos concretos que afectan a quienes más sufren, a quienes son apartados, a quienes no cuentan. El Reino de Dios es buena noticia para todos ellos, porque son los predilectos de Dios, porque, aunque no ha nacido nadie más grande que Juan, en el Reino de los Cielos cada uno de ellos es más grande que él.
Hay muchos signos de esperanza en nuestro mundo. Son muchas las personas que tratan de construir un mundo mejor, pero vivimos en una sociedad cada vez más desigual donde se incrementan las diferencias sociales. La solidaridad es importante, pero la propuesta de Jesús es una transformación de la propia estructura social. Se trata de un cambio de perspectiva, donde se invierten los valores. Las personas en exclusión social son el centro, son los protagonistas, no son simplemente los destinatarios de nuestra acción, sino que son el eje sobre el que se configura una nueva sociedad.
Muchas veces, cuando miro alrededor, me sorprende cómo somos capaces, por un lado, de compartir, de ser solidarios, de tratar de ayudar a muchas personas que se encuentran en una situación de dificultad pero, por otro lado, construimos una sociedad cada vez más excluyente, más alejada de quienes sufren, y esa sociedad la construimos entre todos, con nuestras opciones políticas, con nuestra forma de participar en el mercado de trabajo, en el consumo, en la vida social.
A Jesús le preguntaron si Él era quien tenía que venir. Y respondió con hechos, poniendo a quienes sufren en medio como signo de que el Reino ya está aquí. Hoy podemos ser cada uno de nosotros signo de esperanza, preguntándonos en cada cosa que hacemos, en nuestro consumo, en nuestro voto, en nuestra manera de dirigir un negocio, en nuestras relaciones laborales, etc., si lo que hacemos realmente pone en el centro a quienes han sido expulsados de ella, si con lo que hacemos estamos construyendo el mundo que un día Dios soñó para la humanidad.