SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA FAMILIA Y LOS NIÑOS

(matrimonio, trabajan ambos, dos hijas pequeñas, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)

El ángel Gabriel saluda a María con una palabra clave: “Alégrate”. Aún tenemos muy recientes los momentos en los que supimos que íbamos a ser padres de nuestras hijas. ¡Cuántos sentimientos al mismo tiempo! Especialmente alegría y algo de incertidumbre ante la nueva situación: la familia crecía. Durante el embarazo se intensificó la ilusión de sabernos bendecidos con el fruto de nuestro amor, fue un tiempo que nos ayudó a preparar nuestra casa y nuestro corazón para acoger la Vida.

El ángel sigue y va más allá: “El Señor está contigo”.  A veces nos cuesta darnos cuenta de esto. Tenemos motivos para la Alegría: no sólo creemos que Dios existe, sino que sabemos que es un Dios cercano, que se hace presente y se mezcla con nosotros, que se encarna. ¿Cómo vamos a tener miedo? No temamos ni por nosotros ni por nuestras hijas. Estemos alegres y dejémonos llevar por su Amor.

Es el día del gran Sí. María supo acoger la buena noticia, se ofreció por completo al Señor y esperó con fe. No hizo grandes cosas, sino que se dejó hacer. ¿Estamos nosotros disponibles y abiertos a dar la misma respuesta? Dejemos que se haga en nosotros y en nuestras hijas lo que Dios tiene pensado. No importan tanto nuestros logros ni nuestra fidelidad al Señor como la certeza de que Él siempre es fiel y no nos abandona.

Así, en la esperanza de este tiempo de Adviento, como María, confiemos y estemos alegres, porque lo que nos ha dicho el Señor se cumplirá.

DESDE LA ESPERANZA DE LOS EXCLUIDOS

(hombre, casado, trabaja en cáritas con personas sin hogar)

No es fácil confiar cuando vives una situación de dificultad. La exclusión social no consiste solo en no disponer de recursos suficientes. Se trata de un proceso de expulsión de la construcción en común de la sociedad. Se trata de una situación de violencia, de expulsión, en la que, de alguna manera, cada vez cuentas menos.

Y cuando no nos sentimos reconocidos como personas por quienes nos rodean, es difícil confiar, y nos introducimos en un proceso de aislamiento, de deterioro personal, de falta de ilusión, expectativas…

Dios se vuelca hacia nosotros, se hace presente en María, y también en Isabel, donde parece imposible que pueda surgir la vida. Y María confía plenamente en Él, a pesar de la locura que puede parecer.

Son muchas las personas en nuestra sociedad que viven procesos de exclusión social, que van viendo como sus vidas cada vez importan menos a quienes participamos, con mayor o menor fortuna, en la construcción de la vida social. Y así es difícil confiar, así es difícil sentirse protagonistas de la propia vida.

Quizás hoy, responder como María, es romper la lógica de la exclusión, es construir una sociedad en que las personas que tenemos alrededor realmente cuenten para cada uno de nosotros. Son muchas las cosas que podemos hacer para luchar contra la exclusión social, a nivel político, económico, etc., pero sobre todo crear relaciones auténticas en las que las personas se sientan parte, se sientan reconocidas desde la dignidad que todos tenemos como personas, como hijos de Dios


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