Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA MATERNIDAD
(mujer, casada, 4 hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento eclesial)
Durante años vamos indicándoles toda clase de claves, normas, instrucciones, advertencias…pero siempre nos quedan muchas cosas en el tintero.
El Evangelio de hoy, además de presentarme ese misterio tan difícil de comprender como es la Trinidad, me ha sonado a despedida, a testamento. Y, poniéndome en ese contexto y revisando mis actuaciones para con mis hijos en estos años, reflexiono y examino la huella que les he dejado en todo lo que he tratado de transmitirles.
Y ¿sabéis? Me falta decirles mucho más cuanto los quiero y cuan importante es el Amor en sus vidas… Ahora que filtrean con la recién estrenada libertad, en la que la práctica religiosa la ven como algo pesado y sin mucho sentido, trato de darles testimonio aunque ahora siento que no es el momento propicio para que mis palabras calen, pero, ¡aún quedan muchas cosas que decirles!
Sólo el Espíritu de la verdad nos guiará hasta la verdad plena, a nosotros y a ellos para poder realizar en nuestras vidas Su Voluntad. Que así sea, Señor..
DESDE LA ENFERMEDAD
Hoy me atrevo desde mi experiencia de Fe a hablar de algo tan maravilloso como es el Misterio de la Santísima Trinidad, como nos decía el catecismo: 3 personas distintas y un solo Dios verdadero.
Difícil de entender pero…¡cuanta grandeza encierra este bendito “Misterio”!.
Según mis necesidades, tengo al Padre. El que me acoge, perdona y ama sin límites. Al Hijo, como ese hermano que necesito para contarle mis cosas, las que no entiendo y que siempre de forma cercana se me hace presente a través de su Palabra, haciéndome ver la realidad de otra forma distinta.
Al Espíritu Santo pidiéndole todos los días esa fuerza que necesito en los momentos en que no veo salida a nada, pero por cualquier motivo , persona o hecho, me hace ver que no me deja, y eso me tranquiliza.
Como veis, la Santísima Trinidad, es la generosidad de Dios que pone a mi disposición toda la ayuda que necesito en el momento más oportuno. Por eso, gracias Señor.