¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA CIENCIA
(hombre, soltero, profesor de universidad e investigador, pertenece a movimiento seglar)
La ciencia cuando no se comprende con profundidad puede empequeñecer al hombre. No es raro escuchar comentarios de que está científicamente probado que Dios no existe. Bajo ese prisma tampoco existe la belleza, ni la grandeza, ni el amor. Y Dios es Amor. El mundo queda reducido a lo material, a lo tangible, a lo que puedo tocar y a lo que puedo modelar mediante ecuaciones matemáticas.
El mundo es mucho más. Y la ciencia bien entendida así nos lo muestra, intentando dar explicaciones de la realidad que nos rodea, pero pese a los muchísimos avances, reconociendo que lo único que ofrecen son teorías incapaces de explicar toda la realidad que nos rodea.
Este trozo del Evangelio nos presenta una escena en la que Jesús se muestra como “mucho más que un hombre”. Mucho más que la carne que lo conforma. Pero es que somos mucho más que carne y huesos. Y me atrevo a decir que la carne no es lo más importante que poseemos. Todos tenemos algo dentro que es mucho más grande que nuestro envoltorio. Jesús lo mostró a sus discípulos de una forma espectacular, las personas que nos rodean nos lo muestran de una forma mucho más sencilla: con una sonrisa, con una caricia, con una palabra de apoyo y cariño. Y en esos momentos hacemos nuestras las palabras de los discípulos: “Qué bien se está aquí”.
DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, trabajan ambos, una hija, participan en encuentros conyugales de su parroquia)
En el matrimonio, como en la vida de cualquiera, puede haber momentos o tiempos de plena felicidad, incluso idílicos, como del paraíso pero no nos debemos dejar llevar por ellos creyendo que todo va a ser siempre así de maravilloso, porque entonces cuando aparezcan los problemas no sabríamos como actuar. Los asuntos que afectan a un matrimonio, hay que saber con quién compartirlos para evitar intromisiones destructivas (las “soluciones” fáciles) debiendo estar preparados y seguros de que vendrán momentos difíciles. Aquí es donde especialmente tiene que estar presente Dios que nos hablará y proveerá, sin que nos bloqueé el miedo, teniendo claro que en el matrimonio hay que dejar de ser uno para ser dos (cónyuges) que sólo piensan y actúan entregándose mutuamente, a los hijos, familia y con Dios que los protege.