SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE UNA VIDA NUEVA
(mujer, casada, acaba de ser madre por primera vez, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar) 

¡Cristo no está muerto! El saber y sentir que Jesús ha resucitado nos aporta gran vitalidad, energía y alegría. Nos recuerda que dejemos atrás el miedo y confiemos. Y dejar atrás el miedo y dejarme confiar en Él, es lo que últimamente me recuerda cada día mi hijo. Esta Semana Santa ha empezado a gatear. Por momentos sus pasos son más firmes, veloces, se siente feliz viendo el mundo desde esta  nueva perspectiva, desde otro prisma. Ahora tenemos una interacción diferente con él, la forma de mirarnos es otra. Y es así como quiero mirar yo al Padre, porque Él es el pilar de mi fe y la fe hay que vivirla y compartirla en comunidad. Cuando Jesús vuelve a aparecer, Tomás está con la comunidad. Jesús le invita a tocarle, lo toca y a partir de ese momento Tomás se llena de fe: “¡Señor mío y Dios mío!”. Pero Jesús le corrige y le recuerda, nos recuerda, que la fe es un ejercicio de confianza como yo confío que mi hijo siga creciendo y aprendiendo. Así el espíritu y la curiosidad del niño que aprende nos sirven como ejemplo de cómo caminar en la fe.


DESDE LA NOVEDAD DEL MATRIMONIO
(matrimonio reciente, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Estar en casa con las puertas cerradas, por miedo. ¡Qué gran tentación en los primeros pasos del matrimonio! El testimonio de una pareja joven, cristiana, que se casa en torno a los 25 años, genera multitud de interrogantes a nuestro alrededor. En ciertos momentos sentimos la misma tentación de los discípulos: cerrar las puertas, no exponernos, no dar explicaciones, no contestar preguntas, escondernos.
Frente a esto, sentimos la presencia de Jesús Resucitado llamándonos permanentemente a lo contrario: “yo os envío”. Desde el principio de nuestra vida en común oímos con claridad la llamada a ser hogar de acogida: de familia, de amigos, de otras parejas casadas o no. Nos sabemos enviados como matrimonio a evangelizar con nuestra vida ordinaria, y para ello es necesario que nos dejemos ver, que tengamos una vida abierta en la que puedan entrar otros. Y todo ello vivido con la Paz del Resucitado, gritándonos en lo profundo: ¡no tengáis miedo!


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