¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS NECESITADOS
(hombre, casado, 2 hijas, trabaja en caritas, pertenece a movimiento seglar)
La exclusión social es mucho más que la pobreza. Los excluidos son aquellos que son expulsados de nuestra sociedad, aquellos que “no cuentan”. Y la exclusión social está cargada de desesperación y sufrimiento. Por eso, siempre al leer esta lectura me planteo que más allá de lo que podamos hacer para trabajar contra la exclusión social, es fundamental ser luz, tratar de transmitir esperanza con nuestra vida y con nuestra presencia. Testimoniar que, si para la sociedad no cuentan, si para la sociedad ellos son los culpables de su situación, para Dios, y para nosotros como cristianos, ellos son importantes. Y eso solo se puede hacer estando presentes, desde el testimonio, la presencia, la luz. Una luz que, aunque débil muchas veces, trate de transmitir esperanza en una situación que no es querida por Dios.
La luz no puede esconderse. Si el Evangelio es Buena Noticia, no podemos estar encerrados en nuestros grupos, en nuestras comunidades. Tenemos que pregonar la Buena Noticia, y no olvidar que la Buena Noticia es para todos, pero sobre todo, para los últimos de nuestra sociedad.
Y sé que soy incoherente. Tengo mucho que mejorar en mi vida y en mi seguimiento de Jesús. Pero también sé que Jesús me hace feliz, y por eso, no puedo callar ese mensaje. Compartirlo es lo que me llevó a la misión en África, y lo que me mueve en mi trabajo diario. Ojalá además de compartir que me siento querido por Dios, mi vida sea cada día más testimonio de la Buena Noticia de Jesús.
DESDE LOS ABUELOS
(mujer, casada, jubilada, 3 hijos, 2 nietos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Si la semana pasada se nos decía que Jesús es la luz que alumbra a las naciones, ahora es el mismo Jesús el que nos invita a ser como él, “vosotros sois la luz del mundo”. Y eso no es tan complicado, cada uno en donde esta y entre los que está. Que lo que tenemos que ser es luz y sal en medio del mundo, de nuestro mundo. Si el Señor nos quisiera para empresas más grandes a estas alturas en que las canas lucen plateadas en nuestras sienes, ya nos lo habría manifestado. Lo comento en alusión al evangelio que nos ocupa, porque el viernes pasado cuando celebramos la reunión mensual de nuestra asamblea familiar en la que participamos 7 matrimonios y dos señoras más. La edad, año arriba año abajo, la misma. Las profesiones muy variada: Ingenieros, médicos, farmacéuticos, militares, funcionarios, amas de casa, político. Solamente un matrimonio (el nuestro) pertenece a un movimiento de la Iglesia. Trabajábamos sobre la fe recibida y como nos ocupamos de transmitirla. La primera persona que empezó con el dialogo, exponía una fe tibia, se quejaba de que no hacía nada. Fue bastante pesimista y sorprendentemente aquel estado de ánimo se contagió en los demás. A mi aquello me produjo el efecto contrario y así lo manifesté. ¿Por qué tenemos la manía de pensar que el Señor nos llama a ser Teresa de Calcuta, o Francisco Ferrer, o Claret? ¡Que no!, que ellos son nuestros referentes a imitar para llegar a la santidad, pero seremos santa Inmaculada, santa Cari, santa Ana, San Cayetano, San Cesar, San Javier, etc., etc. (Poner el nombre que queráis). Somos los menos los que tenemos un compromiso en la parroquia. Otros lo tienen en su trabajo en el hospital, en las farmacias, en la actividad política, cuidando enfermo, todos comprometidos con la familia. Todos trabajando por mejorar nuestro mundo. Aún más: ¿Os parece poco el mantenerse fieles a las reuniones de la Asamblea que precisamente este mes cumplimos 16 año, sin fallar ni un mes? ¿Y os parece poco que sean unas reuniones donde juntos oramos y profundizamos en la palabra de Dios, personas no especialmente metidas en iglesia?, ¿Y os parece poco compartir vida hasta el punto de haber formado un grupo no solo de vecinos sino de amigos que se aprecian? ¿Y os parece poco responder a cualquier iniciativa de alguien de la asamblea para ayudar a necesidades concretas que se nos ha pedido? ¿Y os parece poco que nos preocupamos los unos por los otros especialmente cuando hemos vivido momentos fuertes como el accidente de Javier que estuvo a punto de costarle la vida, aunque al final solo le costó perder una pierna. O la muerte de Emilio por un cáncer de pulmón, pero que el tiempo que duro su enfermedad fue un testimonio increíble para todos nosotros, por su fe, por su templanza, por su alegría. Sin faltar a las reuniones, a pesar de los malos días de la quimio. O acompañar a Juan en una enfermedad tan mala como el alzhéimer? … Y nuestras asambleas duran de cinco o seis horas, porque en medio compartimos ágape y hablamos de lo divino y de lo humano. Creo que esta es la luz que tenemos que irradiar. Testimonios que estimulan. Sí, seamos luz y sal, pero con optimismo, con frescura, sin desánimos. Y si alguno piensa que el Señor le está pidiendo más, pues ¡adelante!.