¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS MAYORES
(hombre, 88 años, casado, vive con su mujer e hija, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Jesus dijo a sus discipulos: ” Vosotros sois la luz del mundo ” y mas adelante continua, ” brille vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro padre que esta en los cielos”.
Es claro que todo el que sigue a Jesus y el seglar no puede ser menos, su luz tiene que brillar ante los hombres, esto es, tiene que dar testimonio, aunque esto a veces le produzca situaciones muy poco agradables como por ejemplo, en el pueblo a los jovenes de accion catolica otros jovenes nos llamaban ” maricas” o cuando se trataba de hacer reflexionar a un blasfemo , este respondiera de forma poco agradable.
Seamos luz, aunque a veces esa luz sea rechazada en donde debiera brillar.
DESDE EL TRABAJO
(mmadre e hija, trabajan juntos en empresa familiar, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Como cristianos somos testimonio vivo de Dios en nuestra vida cotidiana, por ello Jesús nos dice que debemos ser luz que ilumine y sal que de sabor a un mundo que cada vez lo necesita más.
No se trata de hacer grandes cosas, nuestra misión es transmitir esa luz que Dios nos ha regalado e iluminar con nuestras obras a las personas que nos rodean en todos los ámbitos de nuestra vida.
Algo tan cotidiano como el trabajo también tiene que ser testimonio de Dios, no podemos hacer un trabajo “soso”, sin ganas. Debemos ejercerlo teniendo presente a Dios, poniendo todo nuestro conocimiento y amor en él, siendo así lámpara de la Luz que nos ha regalado y convirtiéndonos, como nos dice el Papa Francisco, en Evangelio Vivo.
PARA QUE VEAN VUESTRO TRABAJO Y DEDICACIÓN Y DEN GLORIA A VUESTRO PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO.
DESDE LA PERTENENCIA A MOVIMENTO ECLESIAL
(hombre, casado, trabajan ambos, 2 hijas, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Cada domingo celebramos la Eucaristía con toda la comunidad. Ese encuentro con Cristo y con los hermanos nos proyecta fuera de las paredes del templo: nuestro trabajo por el Reino nos compromete, con nuestros dones y capacidades, a transformar aquellas realidades que están a nuestro alcance: en los entornos en los que nos desenvolvemos, en las múltiples tareas de nuestro día a día. Un modo especial de estar en el mundo y de ser Iglesia.
Nuestra vocación laical se despliega en la sociedad en que estamos inmersos. Ser la luz que pueda iluminar tantas situaciones sombrías. Ser la sal que de sabor a una humanidad acaso desesperanzada y sufriente. Transparentar en nuestro quehacer y en nuestras actitudes el Amor del Padre. Ser cristianos luminosos, no apagados. Ser cristianos con sabor, no insípidos.