¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS NECESITADOS
(hombre, casado, 2 hijas, trabaja en caritas, pertenece a movimiento seglar)
Jesús nos pide que le sigamos, pero su llamada no es algo general, nos llama a cada uno de nosotros por nuestro nombre. Esto es algo que siempre me ha maravillado. Dios nos llama a cada uno de nosotros, personalmente, con nuestros valores y con nuestros defectos. Y somos nosotros los instrumentos que tiene para anunciar el Reino.
Yo en mi vida me he sentido querido por Dios, y llamado por mi nombre. Creo que mi vida ha sido todo un proceso de tratar de descubrir la forma concreta en que Jesús me llamaba a mí, y todo me ha ido llevando a seguirle en el campo de lo social, y también he descubierto que se trata de un camino que te hace feliz, pero no solo el destino, es la propia búsqueda la que te hace ser feliz. Yo he sido y soy muy feliz buscando, caminando, equivocándome, encontrando.
Pero a veces me olvido de que soy llamado por Dios, día a día. En ese camino de búsqueda, tengo que recordar cada día el momento en el que Jesús pasó por el lago de Galilea. Es fácil abandonar al compañero de camino sobre todo cuando ya llevas muchos años y vives con bastante claridad tu proyecto de vida. Es fácil perder la capacidad de sorpresa, la actitud de búsqueda. En el camino está la felicidad, en la búsqueda está la felicidad. Jesús me ha llamado a seguirle, y a descubrir cuál es mi lugar en el mundo, pero mal asunto cuando creo que ya he llegado, porque entonces ya no necesito un compañero de camino.
DESDE LOS ABUELOS
(mujer, casada, jubilada, 3 hijos, 2 nietos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Dos aspectos me parecen importantes de este evangelio. El primero “Convertíos” Cambiar. ¿Cambiar qué? A estas alturas de mi vida cualquier cambio me da pereza y los cambios radicales me asustan… ¡Qué no, que es más sencillo!, tan sencillo como que el cambio tiene que ver con el corazón, cambiar de nuestra vida todo aquello que suponga infelicidad, porque lo principal es que Él nos quiere, y nos quiere felices. Y felices con los demás, no a costa de los demás. Es una invitación a un estilo de vida donde Dios ocupe el primer lugar. ¿Por qué nos complicamos la vida innecesariamente? si Dios no viene a complicarme la vida, ni a ponerme pesadas cargas sobre los hombros. ¡Qué dados somos a machacarnos!,… Solo hay que distinguir lo esencial de lo secundario, (reconozco que a veces me quedo en esto último).
Y el otro punto es la llamada. No son los discípulos los que escogen al maestro y piden entrar en su grupo, sino que la iniciativa es de Jesús, él llama, él escoge, él quien les invita a seguirle y les propone una misión. La respuesta de los cuatro discípulos a la llamada: renuncian a su familia, a su trabajo, a las seguridades instituidas y le siguen sin miramientos ni condiciones, dejan lo que están haciendo y punto. No se cuestionan más, ni preguntan por su futuro, simplemente se levantan y se van con él. “Inmediatamente”… “Dejar”… “Seguir”… Palabras que suenan difíciles para nosotros. Puede parecer frustrante si no respondemos de la misma manera. A mí me ha costado entender que a todos no nos pide esto, nos llama a seguirle desde el lugar en el que él nos ha puesto y nos propone una misión, nuestra misión. Ante una misma situación yo no puedo pedirles a mis hijos la misma respuesta, porque son distintos. Pues igual pasa con la llamada de Jesús, que nos llama de mil maneras. Solo es preciso tener el coraje de aceptar la llamada que nos hace, con una actitud de entrega y disponibilidad a los planes de Dios y responder: Sí. Este es el camino que deseo recorrer, aunque a veces le diga: “Sí, pero ve con calma”. Posiblemente aún me quedan lastres de los que tengo que desprenderme.