SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ESPERA
(mujer, casada, 3 hijos, embarazada, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Somos criaturas de Dios. En el embarazo, es emocionante apreciar en las ecografías la maravilla de la vida, cómo el bebé es una personita tan perfecta. Y cuando nace, cuesta creer que ese nuevo ser se haya creado a partir de una célula materna y otra paterna, con el soplo de vida de Dios, ¡es tan perfecto!. Sin embargo, aún puede serlo más. Al recibir la Palabra y creer en su nombre, se convierten en hijos de Dios. He ahí nuestra misión de padres, que conozcan la Palabra, que la reciban para que lleguen a su plenitud, gracia tras gracia, para que se llenen de  la Vida y la Luz verdadera.
Y mientras esto sucede, que mejor momento que la Navidad para que nosotros, los padres, nos llenemos de la Luz recién nacida en la Palabra y así darles testimonio.

DESDE LA FAMILIA
(hombre, casado, trabaja, tres hijos, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Ayer mi mujer se mosqueó conmigo por ver un vídeo en el móvil. ¿Era un vídeo obsceno o totalmente estúpido? No. Era navideño, de buenos deseos y mejores proposiciones ¿Qué tiene de malo entonces?
Al final del día a veces me imagino a mi mismo saliendo a propulsión de un autobús o un vagón lleno de gente, y que al llegar al andén voy dando tumbos desequilibrado. Llega el descanso, ¿pero en qué condiciones? ¿Cuántas veces termina el día con enfado? Más de las deseadas.
Mi mujer quería hablarme, no porque tuviera algo importantísimo que decirme, sino porque quería estar un rato conmigo. Estar… verbo complicado. Pero yo tenía que ver un vídeo navideño de buenos deseos y mejores proposiciones, tenía que hacer deberes de “buenísimo”.
¡Qué rara es la navidad! Hay saturación de todo. Igual simplemente necesitamos más naturalidad. La palabra acampa entre nosotros, está en nosotros, y hace falta interioridad. Y llevar ésta interioridad a las relaciones, con naturalidad y tiempo. Estar.. Intentar no ahogarnos entre tanto “lo-que-sea” y abrazar la luz de Dios. Y por supuesto, celebrarlo. Celebrar con alegría que Dios está con nosotros.


DESDE LA LAUDATO
(mujer, soltera, trabajadora social y voluntaria en ONG-D, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Me gusta pensar en la encarnación (el misterio de Dios hecho hombre) como culmen del proceso de creación. Algo así dice el Evangelio de hoy: esa Palabra por la que se crearon todas las cosas, finalmente se convierte ella misma en carne, en parte de esa misma creación.
Se habla también en el texto varias veces de la luz. En este tiempo de Navidad estamos acostumbrados a ver muchas luces en nuestras calles, en nuestros barrios, por todos lados…. A veces esas luces pueden ser síntoma o expresión de una alegría superficial. Pero nosotros sabemos que la verdadera alegría es la que viene de otra Luz, la de un niño en el que se nos ofrece la cercanía y la ternura de Dios.
En ese niño se nos muestra la grandeza de Dios que ha querido acompañarnos y estar presente en nuestra historia. Y también se nos muestra su vulnerabilidad y fragilidad: es un niño-Dios que no se impone, sino que se ofrece y que necesita ser cuidado. De la misma manera, también en todo lo que nos rodea (en los hermanos, en la naturaleza) están presente la grandeza y la fragilidad. También ellos necesitan ser cuidados y tratados con la delicadeza con que se cuida a un niño recién nacido.
Ojalá en este tiempo de Navidad sepamos acoger la luz y ser testigos de la luz (como Juan) especialmente para los más vulnerables y necesitados de cuidados.


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