¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS NECESITADOS
(hombre, casado, 2 hijas, trabaja en caritas, pertenece a movimiento seglar)
Las palabras de Juan el Bautista, en cierto modo, me dan mucho respeto, por no decir miedo. Como cristianos, estamos comprometidos en el mundo de la pobreza no solo para transformar el mundo, sino para dar testimonio, desde las obras, de que Dios ama a todos, especialmente a los más débiles, y quiere un mundo mejor para todos.
Sin embargo, no deja de sorprenderme que seamos nosotros los instrumentos de Dios para dar testimonio y mostrar su amor a la humanidad. ¡Cuántas veces me busco a mí, doy testimonio de mí, me creo “salvador”! Pero esa es la locura de Dios. Desde mi debilidad, me pide que sea testimonio, porque se trata de compartir lo que has experimentado. Pero me da miedo, y me parece pretencioso, de alguna manera, pensar que puedo ser testimonio de Dios. Creo que tan solo soy una persona en camino, que busca, que sueña, que quiere encontrar junto con otros el camino hacia un mundo más feliz y más justo. No sé si mi vida es testimonio, solo sé que Dios me ama, y quiero vivir el amor de Dios y descubrirlo junto a quienes son sus predilectos.
DESDE LOS ABUELOS
(mujer, casada, jubilada, 3 hijos, 2 nietos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Cuando algo o alguien me hace daño, me molesta, me hiere, suelo perdonar… aunque a veces me lleve tiempo hacerlo. Si ese algo es o viene de parte de mis hijos o de mis nietos, me basta cualquier gesto para reconciliarme de inmediato. Pero el Señor da un paso más, Juan nos presenta a Jesús como alguien que no solo ofrece el perdón sino el que quita el pecado del mundo. “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Esta frase la repetimos en cada Eucaristía y a lo mejor de tanto repetirla no nos damos cuenta de la importancia que tiene, porque no se trata solo de una plegaria, sino que en ese “Este es el Cordero de Dios” nos dice que Jesús viene hacia nosotros, está aquí: en este día con mi familia en el que me desvivo en pequeños detalles y paso por alto las impertinencias de mi nieto que hoy se levantó con los cables cruzados. En la comida que bendigo al empezar y doy gracias al acabar. En esta tarde lluviosa, en la que me ha costado salir de casa para compartir la eucaristía con la comunidad. En cada una de mis actividades. En cada persona con la que me cruzo. Pero sobre todo hacer como Juan: dar testimonio. Porque Juan lo ha visto y da testimonio, lo que me obliga a preguntarme: mi vida ¿ayuda a alguien a creer en Dios? Quizás tendría que aprender mejor quien es Jesús y descubrir la presencia del Espíritu en cada uno de nosotros y en el interior de la vida, de modo que pueda ser más cercana y de esa forma atraer a la gente hacia Él.