¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA JMJ
(joven, estudiante, en grupos parroquiales, participante en la JMJ)
Puede ser que muchas veces caigamos en la tentación de sentirnos mejores o en el “camino correcto” simplemente por el hecho de pertenecer a la comunidad de la Iglesia. La JMJ supone un pequeño oasis en la vida del cristiano, en ella te sientes lleno de Dios y repleto de fuerzas para poner al servicio de los demás, desde allí todo es fácil. Pero, ¿cuantas veces no he sabido implicarme lo suficiente?, si no he sido capaz de humillarme con “los míos”, ¿cómo voy a hacerlo mejor con los demás? Tras la Eucaristía de envío, sentí que no bastaba con vivir la JMJ y guardar la experiencia para uno mismo sino que es necesario mostrarla a los demás dando testimonio en el día a día, donde hay que salir de la rutina para ponerse al servicio. Quizás yo que he vivido las jornadas sea el que más se desvía del buen camino y al que más falta le hace que Francisco le recuerde que hay que oler a oveja.
DESDE LA MISION
(mujer, soltera, trabaja en ONG-D, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical)
El evangelio de este domingo me llena de sentimientos vividos en estos últimos días y a la vez, me llena de interrogantes porque hay frases que no se cuando se van a cumplir en este mundo nuestro.
Tantas veces ante este evangelio, me he parado en la figura del publicano y del fariseo, ¿Cuándo soy farisea?, cuando yo??? Pero hoy me he quedado con la primera frase, “En aquel tiempo algunos teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismo y despreciaban a los demás” Cuando he leído esto, lo primero que me ha salido decir es: ¡Ojalá sólo fuese en aquel tiempo!, ya que esta frase la he vivido muy de cerca hace sólo tres día, es decir, el pasado lunes 17; a tan solo 10- 15 metros de mi, he visto como despreciaban a inmigrantes subsaharianos en Tánger, hacinados en un camión militar, pidiéndoles comida y agua y los policías, guardias, lo que fuesen con metralletas, mirándoles y riéndose de ellos, porque seguro que se sentirían justos al hacer esa injusticia de desamor. Escena que he visto tantas veces en documentales, en películas, etc… ya que intentamos verlo para sensibilizarnos, para saber la verdad de la realidad de los inmigrantes, pues me ha tocado vivirla tan cerca que te sientes lo más pequeño, lo mas impotente en este mundo, que te deja una huella en el corazón y una pregunta: ¿Hasta cuando esto? ¿Hasta cuándo Señor? Tan sólo pudimos decir: “Señor ten compasión y hazlos compasivos”, pero con el dolor de no poder hacer nada por estos hermanos.
Y ante este dolor, la esperanza de cómo termina el evangelio: “El que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado”, Señor que sepamos ser humildes para que todas estas realidades que tenemos tan cerca cambien. Que seamos humildes, pero sin humillar a ninguno de nuestros hermanos. Que no decaigamos en nuestra misión de cristiano, de anunciar la verdad, la justicia de Cristo, la verdad del evangelio: “Tanto Amó Dios al mundo que DIO la vida por el”. ¡Que yo sepa dar mi vida Señor!
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
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