¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA JMJ
(joven, estudiante, en grupos parroquiales, participante en la JMJ)
El granito de mostaza es una parábola muy utilizada en las catequesis con los más jóvenes y en este caso, me recuerda unas palabras del Papa durante la JMJ. En la ceremonia de acogida, Francisco nos dijo: “Cuando Jesús toca el corazón de un joven, de una joven, este es capaz de actos verdaderamente grandiosos”. Jesús nos anima a tener una fe firme que es verdaderamente capaz de “mover montañas”, de realizar grandes cosas tal y como nos dijo el Papa. Desde mi propia experiencia se que la fe hay que cuidarla, cuidarla como Francisco nos propuso, con ganas, entrega, pasión y energía, y la oración personal es la herramienta perfecta para ello.
DESDE LA MISION
(mujer, soltera, trabaja en ONG-D, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical)
El final de este párrafo de S. Lucas “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”, me llama a ver si realmente podría decirla hoy en mi vida, así a lo pronto. Y me interroga: ¿Hago lo que tengo que hacer? o más bien, hago lo que me marca el ritmo de este nuestro mundo. Nuestro porque no queremos que cambie, porque en mi día a día no cambian esas pequeñas cosas que harían cambiar mi entorno, que cambiaría de lugar (no a esa morera, porque no es quizás lo que hoy se necesita mover) pero si, al que se enriquece a cambio del dolor de otros, que cambiaría de lugar la violencia que nos rodea, las injusticias que vemos y dejamos que pasen sin movernos nosotros (que realmente hoy que es lo que el Señor me pide). Esa “Fe” para movernos, para conmovernos. Esta palabra tan clara de llamada al servicio, a no olvidarme de nuestros hermanos los que hoy gritan con necesidad de “ponerse a mi mesa”.
No quiero dejar pasar también esto tan importante que me resuena dentro al leerla: ¿A quién le digo yo: Ven y ponte a la mesa y paso a actuar, a Servir. ¿Al inmigrante africano que porque come con las manos, creo que no sabe comer?, ¿Al musulmán que porque no come cerdo y que lo hace por fe, creo que inferior o peor que yo? Cuando experimentas comer y compartir esto en una misma mesa y en comunión, descubres que Dios nos pide ir más allá de las apariencias, me pide la misión de anunciar que esto es posible. Porque desde que descubrí que Servir llena más que ser servido, le pido a Dios que me ayude a “Servir” cada día, difícil pero muy posible. Y me despido con la frase de Santa Teresa de Calcuta: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Porque la Fe mueve montañas.
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
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