¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, cuatro hijos pequeños, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Hoy el evangelio nos vuelve a nuestra base. El niño nacido es el Señor de nuestras vidas, es la gracia y la verdad, es nuestro camino.
Todo lo que rodea a la Navidad, las celebraciones en familia, los ratos con los amigos, la ilusión de los niños, la alegría de compartir y regalar, nos debe ayudar a vivir y compartir la gracia del niño recién nacido.
Pero es fácil olvidar este centro dejar que el regalo maravilloso, la cena perfecta, las actividades familiares espectaculares, sean el centro, un centro mundano. Por eso intentamos mantenernos siempre en guardia en estos días, difrutar del momento pero sin darle importancia al regalo, a la cena, a la fiesta, sino a lo que hay debajo, el Amor que nos trae ese niño recién nacido en nuestros corazones.
DESDE LA MISERICORDIA
(Mujer, soltera, trabaja, voluntaria en comedor social y cáritas, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
El evangelio de este domingo nos recuerda el misterio que acabamos de celebrar hace unos días, el Dios hecho hombre y que viene a nacer a este mundo de una forma sencilla y humilde. Hoy al orar de nuevo con este evangelio, no puedo más que dar gracias a Dios por su inmenso Amor y Misericordia. Nos hizo el regalo más grande, a su Hijo. “Vino a su casa y los suyos no le recibieron”. Hoy también se repite la historia de hace tantos años, y este mundo en muchos lugares no ha recibido la Buena Nueva. Y nosotros, rodeados de tanto bullicio y ajetreo estos días ¿cómo hemos recibido al Señor esta Navidad? Dios no está de paso, ha venido a acampar entre nosotros, a quedarse, a ser luz en nuestra vida. Y esa luz la encontramos a diario en el Evangelio. El Papa nos invita a vivir este Año Jubilar a la luz de la Palabra. “Para ser capaces de misericordia, debemos en primer lugar colocarnos a la escucha de la Palabra de Dios (Misericordiae vultus). Es en la Palabra donde encontramos continuamente las huellas de la misericordia de Dios, en cómo Jesús se comportaba, en las parábolas que contaba a la gente para que entendieran la infinita misericordia del Padre con nosotros sus hijos. Es orando con la Palabra como podremos ser también nosotros misericordiosos con nuestros hermanos, porque ella será la luz en nuestras vidas en tantas situaciones que se nos irán presentando a diario y en las que la misericordia debe ser la base de cómo nos comportemos. El mundo está muy necesitado de misericordia, y es la Palabra la que muestra como ser misericordia para los demás.
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
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