SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.


DESDE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, cuatro hijos pequeños, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar)

En esta lectura llama la atención la naturalidad de Jesús, un niño de 12 años, cuando le contesta a su madre y a su padre terrenal, después de darles ese susto, (más o menos): dónde voy a estar si no es con mi Padre, mamá…
Jesús no se sentía perdido, estaba donde tenía que estar, con su Padre Celestial.
Qué escena tan compleja, pero tan simple para Jesús: Jesús, María, José, como padre adoptivo y Dios, como Padre Celestial… y Jesús sabe a quien debe poner en primer lugar, a quien debe poner en el centro de su vida y de su corazón, aunque tenga que dejar a sus padres terrenales atrás.
¿Cuántas veces nos sentimos perdidos y en ver de acudir a la casa de Nuestro Padre acudimos a cualquier otra fuente? ¿Cuántas veces quitamos del centro a Dios?
Como padres, ahora nos planteamos la situación al revés… Nosotros somo los padres terrenales. ¿Estamos preparando y educando a “nuestros” hijos para ser verdaderos Hijos de Dios y traer el Evangelio a este mundo? ¿Seremos igual de generosos que María y José y los devolveremos a su Padre Celestial sin oponernos? ¿Guardaremos todas las cosas cuidadosamente en nuestro corazón, aunque no las entendamos, para dejar que nuestros hijos sean verdaderas herramientas de Dios?


DESDE LA MISERICORDIA
(Mujer, soltera, trabaja, voluntaria en comedor social y cáritas, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)  

Hoy el evangelio nos acerca a Jesús desde su familia. Imagino la inquietud de José y María al no encontrar a su hijo, la preocupación. Y la sorpresa, y también la alegría, al hallarlo en el templo. Cuántas veces como hijos hemos hecho sentir a nuestros padres así, preocupados… y cuántas veces al “encontrarnos” nos han corregido, pero desde la misericordia (“corregir al que lo necesita”). La familia es hogar y escuela de misericordia. Ha sido el primer lugar donde he aprendido lo que es ser misericordioso con los demás y donde sin que se me dijera explícitamente he aprendido cuáles eran las obras de misericordia: “perdonar las injurias”, “enseñar al que no sabe”, y también tener humildad para aprender lo que me enseñaban, “sufrir con paciencia las flaquezas de nuestros prójimos”. Es el lugar donde desde pequeña he experimentado la misericordia de Dios a través de mis padres. Hoy nos dice el Evangelio que María conservaba todo en su corazón, corazón de madre. Cuántas veces mi madre también habrá guardado en su corazón preocupaciones, alegrías, tristezas, inquietudes. Hoy pido a María por mi madre, por todas las madres, para que se sientan acompañadas por ella en su labor a lo largo de la vida.


Publicado

en

por

Etiquetas: