((matrimonio, dos hijos, él trabaja, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Juan reconoce su limitación: él no es quien bautiza con el Espíritu Santo, pero esto no lo limitó para que actuara y fuese un gran profeta. Por eso:
-Aceptemos profundamente nuestra realidad, que por vanidad, el qué dirán, la ambición… no queramos “aparentar” lo que no somos.
-Reconozcamos igualmente que también nosotros “podemos bautizar, aunque no sea con Espíritu Santo, sí con agua”. Que ni la comodidad, la falta de miras o nuestros complejos nos substraigan de desarrollar el gran potencial que Dios pone en cada uno de nosotros para traer bien al mundo, para traer la “Buena nueva” al mundo.