((matrimonio, dos hijos, él trabaja, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Necesariamente el ser cristiano implica acciones, que van desde los pequeños gestos a los compromisos más generosos. Muchas veces mirándonos a nosotros mismos nos damos cuenta de que esta “acción” es insignificante y/o escasa. Este ejercicio de examen de conciencia es necesario hacerlo de forma cotidiana y sin autoengaños para seguir creciendo. Pero podría ocurrir también que nos llevara al desánimo, y del desánimo al abandono: “total para qué, si no voy a cambiar”.
Ante esto leemos en el Evangelio como “María lo guardaba todo en el corazón”. Intentemos nosotros hacer lo mismo en todo momento, en cada una de nuestras circunstancias: poner continuamente nuestra vida ante el Dios de la misericordia y el amor. Él que nos conoce mejor que nosotros mismos, nos animará a ser más generosos en nuestros compromisos, nos librará de autoexigencias vanas y perfeccionismos que solo nos quitan la paz, y nos ayudará a escoger los caminos que debemos transitar.