PARA VIVIR ESTA SEMANA

((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Vamos a intentar hacer durante esta semana un ejercicio de humildad ante las distintas circunstancias  y personas que nos encontremos.
Y para ello, en cada caso que se nos presente, aunque en una primera impresión nos parezca un “flagrante incumplimiento de las normas establecidas”, haremos un ejercicio de buscar alguna disculpa de por qué ha actuado así, en vez de culpabilizar esa conducta sin analizar para nada los atenuantes que haya podido tener.
Para entenderlo vamos a poner algún ejemplo:
Voy a salir del bloque, y el portero, no me saluda. De primeras podemos pensar: es un estúpido, un maleducado, hay que echarlo…
Con nuestra actitud humilde, podemos pensar: quizás tiene un mal día, le agobia algún problema y no se ha dado cuenta… Nos acercamos a él y nos interesamos por su familia, por su salud… Al final nos enteramos que a su padre, la noche de antes le han diagnosticado un cáncer y está muy preocupado y triste. Nos ofrecemos a ayudarle en lo que podamos y, aunque sabemos que en estas cosas se puede hacer poco, lo decimos que lo sentimos y que lo tendremos presente en nuestras oraciones. ¿verdad que varía substancialmente la relación con este hombre de lo que pensábamos al principio a lo segundo?
Y todo ¿por qué?: por que hemos dejado atrás nuestra prepotencia, nuestro orgullo, hemos hecho el esfuerzo de disculpar y no culpar, y ha nacido una relación de amor hacia el otro en vez de ese odio inicial.
Por tanto, pensemos que cada persona, cada situación es un mundo, todo tiene un trasfondo, que no conocemos, y no es lo que parece. ¿Quienes somos nosotros para convertirnos en jueces y señores?. Ya hay un Padre que ve en lo escondido y desborda misericordia para con sus hijos.  Disculpar, disculpar siempre…Es un ejercicio estupendo, te da una paz tremenda y sobre todo, te acerca a Dios.


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