((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Tan sencillo como esto, podemos hablar y hablar del mensaje del evangelio, de muchos matices, de muchas luces que nos ayudan en el día a día, del jugo que a veces somos capaces de extraer de la Palabra, de lo bonitas que pueden llegar a ser algunas celebraciones, algunos pasos de Semana Santa, lo a gusto que podemos encontrarnos en una oración a solas con Jesús…
Pero… si se nos olvida lo esencial, el amor al hermano, ¿cómo podemos decir que estamos amando a Dios sobre todas las cosas?
Sería una total hipocresía el sentirnos orgullosos de nuestro Dios, de nuestra religión, de nuestros valores si sólo nos quedamos en esto.
¿Y cómo podemos amar al prójimo? : haciendo a los demás lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros, siendo amables, serviciales, sin malos modos, siempre con una sonrisa, haciéndonos uno con su alegría y también con su dolor, no esperando nada a cambio, disculpando siempre, perdonando…
¿Y quién es nuestro prójimo?: cualquier persona que pase junto a nosotros en ese momento, el hermano más desfavorecido, el que nos pide ayuda.
Tratemos esta semana de aprovechar el momento presente, no pasemos de largo junto al prójimo sin dedicarle el tiempo que cada uno necesita, la ayuda que precisa, el detalle que le puede alegrar la vida esa mañana, la palabra justa de cariño cuando se encuentra deprimido, nuestro ánimo, aunque nosotros no lo tengamos.
Viviendo en esa dinámica, seguro que cumplimos con el primer mandamiento, y así Dios se manifestará en nuestras vidas, sintiendo una especial cercanía que llenará nuestras vidas de alegría y esperanza.