((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Aunque a veces nos gustaría estar metidos en una urna de cristal y no saber nada del mundo, como por ejemplo, al pasar unos días de retiro, de convivencia espiritual… se nos hace duro enfrentarnos al mundo, y sin embargo no nos queda más remedio. En el evangelio de este Domingo, Jesús señala una cosa que igual se nos puede pasar desapercibida, ese “Dad al César lo que es del César”,en la primera parte de su contestación. Y eso se refiere a nuestros cumplimientos como ciudadanos. Y no sólo en materia de impuestos, que también, sino en cumplir con escrúpulo nuestras normas de buenos ciudadanos. Por ejemplo, si nos encontramos un semáforo en rojo para los peatones, no tenemos por qué cruzar para aligerar nuestro paso, cumple con las normas, no entorpezcas a los conductores que se sienten inseguros al ver a la gente cruzar. Cumple las normas al volante no por que si no te vayan a multar, sino por la seguridad de los demás, por ser buen conductor y ser precavido. A lo largo del día nos encontramos infinidad de normas de ciudadanía que debemos cumplir y no saltarnos a la torera. Otro ejemplo: soy funcionario, trabajo con material del Estado, y si soy descuidado, despilfarro el material que pagamos todos los españoles. Ahora vivimos una época de recortes, nos bajan los sueldos, sintámonos solidarios con los demás, no digamos simplemente que malos son que nos quitan esto, cuando vemos que donde no hay, no hay. Distinto es que ellos, los políticos, hayan gestionado mal, ahora no vale la pena lamentarse, todos tenemos que arrimar el hombro.
Y en la segunda parte de la contestación de Jesús, “Dad a Dios lo que es de Dios”: no frivolicemos las cosas sagradas, las cosas de Dios, el otro día escuchaba a una persona referirse a “haz al otro lo que te gustaría que te hicieran a ti” diciendo “como dice el refrán”. ¡Qué refrán ni qué niño muerto, como dice el Evangelio! ¿no?