((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
La invitación a su banquete, es la invitación a acoger su mensaje. Y eso no es más que estar dispuestos a poner en práctica sus enseñanzas,y si lo hacemos de todo corazón, seguro que como recompensa tenemos una sonrisa en la boca.
Ahora bien, si vamos a nuestras ocupaciones, ya sean apostólicas o laborales, de mala gana, o simplemente a “cubrir el trámite”, puede ser que nos despida el “Señor del banquete” con “cajas destempladas”, es decir, que de banquete no vamos a probar ni media, que lo que comamos se nos va a agriar y esa va a ser nuestra facha ese día, caras avinagradas, tristeza, amargura… ¿por qué? Pues por que cuando no cumplimos con su voluntad o no tratamos a los demás como nuestro prójimo, es como si viviéramos la vida a medias.
Por la mañana, además de vestirnos con el traje terrenal, tratemos de ponernos el “traje espiritual”, ese que hace que cuando nos vea una persona, descubra que en nuestra mirada hay una luz nueva, un optimismo capaz de afrontar todo lo de bueno y malo que nos pase en el día con la confianza de que el Señor nos quiere, nos cuida, y encima, nos ha invitado a gozar del banquete incluso aquí en la tierra.
Por otra parte, como el Domingo pasado, sigamos sopesando si nuestra respuesta a trabajar en su viña, a asistir a su banquete, a cobrar el salario… es la adecuada o no, si la afrontamos con la responsabilidad que merece el ser poseedores de esa “invitación de boda”. Seguro que tenemos que realizar un proceso de conversión en el que cada día intentemos ser mejores personas.