((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¿Os habéis parado a pensar en lo de ” ser los empleados de la viña del Señor”?. Por una u otra circunstancia, generalmente por una llamada previa que hemos sentido del Señor, nos hemos puesto manos a la obra, en la parroquia, en la catequesis, en el trabajo, en la familia…
Sin embargo, se nos olvida esa responsabilidad a veces. Por poner un ejemplo más concreto para que lo entendamos, imaginemos que somos los catequistas de 4º en nuestra parroquia. Nos preparamos los temas, algunas veces, más mal que bien, total, son unos niños…
Nunca podemos menospreciar nuestro apostolado con pequeños, cualquier mala contestación, mal ejemplo, mal detalle, puede dejar una marca en el proceso de formación de su fe. A lo largo de nuestra vida, vamos cogiendo “cargos” y responsabilidades que exigen de nosotros el máximo respeto y dedicación al trabajo encomendado. Por que no va a venir otro a hacerlo, ya que estamos nosotros ocupando ese sitio. Somos “sus empleados” en un puesto único e irrepetible. Hace poco, veíamos la parábola de los trabajadores de última hora, nos proponíamos no analizar ni criticar su presencia, sino cumplir humildemente con nuestro trabajo, por que sólo eramos unos simples servidores de Dios. Hoy analizamos otra perspectiva del trabajo, pero desde el punto de vista del “Sindicato del Reino de Dios”( ¡Qué distintas son las exigencias en los sindicatos terrenales! ¿verdad?)
Lejos de acongojarnos, nos debe impulsar a tomar nuestras acciones apostólicas con más ahínco e interés, expresándole a Dios, desde nuestra humildad, el deseo de servirle, mejor o peor, según nuestras posibilidades, pero poniendo en cada empeño ,nuestro corazón.
En el comienzo del curso escolar, en las parroquias, en las ONG´S, en la política, en distintas plataformas en pro de la justicia y la igualdad…se nos pide nuestra colaboración. Seamos generosos y a la vez responsables, dando un trabajo de calidad que dé frutos en abundancia, para mayor gloria de Dios.