PARA VIVIR ESTA SEMANA

((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

¿Vas a tener tú envidia de que yo sea bueno?. Para ser santos, tenemos que imitar al Señor, por tanto analicemos esto.
A veces, las personas,  tenemos defectos que son para que nos metan en formol y nos estudien.¿ Cómo llegamos a ser tan ruines?. En el evangelio de este Domingo, se nos presenta algo de lo que no estamos tan distantes, aunque nos parezca que es abominable y que  “por Dios, ese defecto, yo no lo tengo”. Tendríamos que analizarnos más detenidamente por ejemplo en nuestras relaciones en la comunidad parroquial, en nuestra familia… Con los que más confianza tenemos es con los que somos más duros, el pensar mal del por qué hacen las cosas, aflora más fácilmente. No aceptamos los cambios en la actitud, las iniciativas de cambio o de conversión, escudriñamos el por qué ha venido más tarde, por qué ha trabajado menos, por qué se las da de bueno en el momento que lo ven, viene el último y parece que lo que ha hecho se lo agradecen más que a mi que llevo años trabajando en la sombra… Todo procede de una falta en cultivar la virtud de la humildad y también de que nos cuesta alegrarnos de que “la oveja perdida” vuelva al redil. Sí, aunque falle mucho, aunque venga poco, si no estamos receptivos a poner en valor sus avances, no va a sentir el calor nuestro nunca. Por tanto, vamos a confiar en Dios que todo lo ve, y contentémonos con que tan sólo hemos hecho lo debido, somos fieles servidores del Señor, y aunque no lleguemos a comprender a veces su infinita bondad, lo imitemos, valorando a los demás muy por encima de nosotros mismos, siendo humildes.


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