(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Cuando leemos estas palabras sobre el Reino de Dios, no podemos dejar de preguntarnos hasta que punto, nosotros cristianos, nos hemos “topado” con la realidad de ese Reino. Da la impresión a veces por nuestras actitudes y comportamientos que hemos conocido el Reino por el “intelecto” (con lo que hemos leído, escuchado…). Pero nos falta llevarlo “al corazón”, encarnarlo. Según nos dice el Evangelio la persona que lo descubre y se da cuenta de su valor, no puede por más que “venderlo todo”, salir de sí mismo, de sus seguridades, para encontrarse con Dios. Aceptar el Reino de Dios en nuestra vida es lo que nos lleva a la libertad real y absoluta (sin ataduras mundanas, sin miedos aprendidos…), lo que nos lleva a nuestro máximo desarrollo humano y por tanto lo que nos lleva a la salvación.
Sólo mirando hacia Jesús con los ojos y los oídos bien abiertos, aprendemos a encontrarnos con Dios en nuestro día a día, en nuestra vida y contexto. Él da respuesta con su forma de vivir a todas nuestras dudas. Él nos muestra donde está el gran tesoro del Reino.
Os invitamos a volver la vista a Jesús para redescubrir el auténtico valor del Reino. Os proponemos que cada día a partir de ahora leáis al menos un capítulo del Evangelio. Leedlo como quien lee el libro de las mil y una respuestas, de los mil y un secreto para la vida por descubrir. Dejemos que cale la palabra en nosotros. Leámosla, releámosla como hacía por ejemplo San Antonio María Claret, para que vayamos casi aprendiéndola de memoria, para que pueda brotar de nosotros a modo de pensamientos propios rauda y veloz. Solo así dejaremos de tener un “reino bicolor”, hecho a la medida, mezcla de lo que es el Reino de Jesús y lo que nos ofrecen los reinos de este mundo. Quizás a veces lo tenemos tan mezclado que no acertamos a desligarlo, separarlo (y confundimos). Leamos ese/esos capítulo/s diarios. Posiblemente nos ayudará a no ser mediocres y sabremos vender lo que tenemos para comprar esa perla, ese campo con el tesoro. Nos ayudará a atrevernos a ser radicales, comprometidos. Nos ayudará a alcanzar la salvación.