(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Un buen número de personas se llaman así mismas creyentes pero no “practicantes”. La eucaristía ha dejado de formar parte de sus vidas por motivos diversos, y que podrían dar lugar a diversas reflexiones y también a implicación prácticas para todos.
A los que aún celebrando la eucaristía, los que aun la tenemos como momento insustituible (o casi insustituible), nos puede ocurrir que esa eucaristía haya dejado de ser realmente lugar de encuentro con el Señor. ¿Por qué? Porque la hemos convertido solo en una rutina. Los humanos nos movemos por ruinas, ciertamente el tenerla como un hábito es fundamental para que siempre tenga lugar reservado en nuestra agenda. Pero no debemos perder la esencia de ese “pan vivo” que ha bajado del cielo, que nos da vida.
Te invitamos a celebrar la eucaristía, además de la dominical, también algún día entre semana, para intenta lograr romper esa rutina y que quizás el mayor silencio y austeridad te permitan centrarte más en Jesús.
Te invitamos a sentir realmente, cuando celebres la eucaristía, la presencia en tu interior de Jesús. El que come su cuerpo vive unido a Él. Cristo es el alimento que nos fortalece. La Eucaristía es signo del amor de Dios hacia nosotros representado en su Hijo, en su vida y en su muerte.
Te invitamos a dejar que la Eucaristía te transforme. Que al salir de ella nos convirtamos en “pan” que se reparte al hermano, que se entrega a él, “pan” que se hace presencia de Dios vivo en el mundo.
Desde el sentido último de la Eucaristía, desde su vivencia madura y real, nuestra vida no tendrá fin, viviremos para siempre.