PARA VIVIR ESTA SEMANA

((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Comenzamos la Semana Santa, la semana grande por excelencia de los cristianos. En esta semana, sucedieron cosas cruciales que dieron el sentido último al mensaje de Jesús. Sin pasar de la muerte a la vida, sin sufrir el dolor para llegar al gozo… nada hubiera tenido el significado profundo que hoy conocemos. Este mensaje, es el que nos diferencia de la vida de los “altruistas-voluntarios” de ONG`S que se declaran ateos (con todo el respeto que me merecen estas personas, cuya labor es muy loable).
Nosotros sabemos que tenemos que vivir nuestra propia pasión para ser felices, no sólo al alcanzar la Gloria al final de nuestros días, sino cada día que somos capaces de morir a nosotros mismos, a nuestros egoísmos, a nuestras ideas, a nuestras cosas…Es entonces, cuando al morir por amor al otro, tratando de hacer por él aquello que nos gustaría que hiciesen por nosotros, cuando recibimos el céntuplo. Puede ser que los frutos de ese morir a nuestro yo, no vengan enseguida, tarden días, semanas, años… La Pasión propia puede ser de muchos tipos, y las más pura de todas, es cuando nos sentimos abandonados, cuando gritamos “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Es ahí cuando el rostro del hermano lo vemos desfigurado, cuando incluso nos cuesta a ver detrás del prójimo a Dios. Es entonces cuando nos agarramos al clavo de Jesús Abandonado, lo único que nos aparece nítido. Y entonces sólo nos mueve el “Dios por Dios”, solos Él y nosotros.
Tratemos de afrontar con más ahínco nuestras pasiones particulares pidiéndole ayuda ese Jesús maltratado, despreciado… que veremos en las calles, en medio de un “jolgorio de multitudes”, que por desgracia no ha llegado a entender el “morir para nacer”. Meditemos también este Domingo de Ramos la de veces que nosotros enarbolamos la bandera del evangelio, con vítores y aclamaciones, enfrentándonos incluso en debates que nos parecen de lo más lúcidos… y veamos la segunda parte, la de nuestra traición a Dios, nuestras miserias que lo hacen decepcionarse por nuestra pereza, inconstancia y frivolidad.


Publicado

en

por

Etiquetas: