((matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
El evangelio de este Domingo, nos pide un salto de cualidad en nuestras relaciones personales. Los valores cristianos, ayudan sobre manera a obtener una buena educación para la convivencia ciudadana. Pero no puede quedarse sólo en eso, en buena educación. Jesús nos pide que traspasemos la frontera de “yo te hago el bien, si tú me correspondes”, o lo otro, “arrieros somos, y en el camino nos encontraremos”. Qué distinto es hacerle el mismo favor a una persona que nos corresponde que a otra que nos ha hecho una faena. Y sin embargo, es la misma acción. La magnífica gracia, es que, para los ojos de Dios, es recompensada con el céntuplo, por que sólo Él conoce nuestro interior. Y la recompensa, todos lo hemos experimentado, es la paz interior, la limpieza de corazón, la felicidad por ser capaces de amar al otro sin que éste tenga que pasar “filtros” en nuestra cabeza…
Por tanto, tratemos de no ponerle nombre a nuestro prójimo, sólo Dios está detrás de cada uno, y las cosas las hacemos, no por Pepito o Juanita, sino por Jesús que está en el otro. De esa manera, nuestras relaciones personales, adquirirán un salto de cualidad importante, y el “premio”, al menos, será la limpieza de corazón, que no es poco.