(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
¡Ay, la familia, la familia¡ Tan querida, pero también tan descuidada. Seguro que os pasa como a nosotros, que somos en ocasiones, , más atentos, más educados, mejores en definitiva, con la gente que no es de la familia que con los que lo son. Y es que “la confianza da asco”. Y por desgracia, no nos abrimos del todo a ellos, algunas veces por pudor o por que no queremos que vean un cambio en nuestra vida fruto de nuestra conversión de fe. En estas Navidades, hay muchas ocasiones concretas para amar en la familia. Desde escuchar a aquella tía muy mayor que no ves desde hace tiempo, que te cuenta siempre lo mismo, hasta esmerarte en la cocina para que los demás lo disfruten, sentarte a la mesa con aquella prima tan sosa, limar asperezas con aquella persona que se tomó a mal una cosa…
Y todo eso porqué, diréis algunos, con lo bien que se pasaría con los amigos, de viaje, en una fiesta… Hoy más que nunca necesitamos de una institución tan sagrada como la familia. Son los únicos que te alzan o te sostienen, si caes o te levantas, son los que suavizan tus heridas y saben consolarte. Son los únicos que quedan cuando todo se derrumba. En familia se está unos por otros, se da sin condición, sabe a casa, a pan, a confianza… Cultivemos nuestra familia, y que mejor época que ésta. Si cada uno estamos en la actitud de “estar por el otro” nacerá Dios entre nosotros y será la comunión plena.