(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Muchas veces nos angustiamos y deprimimos, pensando en cómo somos. Nos da la impresión que hacemos poco bueno, para lo mucho que podríamos hacer y que metemos la pata demasiadas veces, desviándonos del camino del Reino… Sin embargo el Evangelio de hoy nos reconforta… “El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”. Ha venido a salvarme a mi… Como a Zaqueo, me dice “baja enseguida porque hoy he de quedarme en tu casa”. Y yo siento la misma alegría de él; quiero ver al Señor, acogerlo y dejar que me transforme, quiero agradecerle su amor hacia mí sin condiciones.
Te proponemos esta semana hacer una tabla con dos columnas. Para ello te invitamos a que reflexiones y medites sobre todo aquello que te arrastra al pecado, a alejarte de Dios, a no hacer vida el Evangelio. Anota en una de las columna todo lo que te surja, siendo concreto (alguna persona con la que no te hablas, alguien a quien criticas, el acúmulo de cosas materiales, el poco tiempo dedicado a los demás…) A continuación piensa y escribe en la otra columna junto a cada una de las anotaciones anteriores, aquello que puedes hacer para enderezar el rumbo, para restaurar el mal hecho, para intentar que llegue la “salvación a tu casa”.
Pon la tabla en lugar visible, dónde no se te olvide. Ve poco a poco cumpliendo cada uno de tus propósitos y tachándolo cuando lo cumplas. Recuerda también cuando la veas, evitar la tentación de juzgar a los demás por lo que hacen. Estamos llamados a mirarlos con el mismo amor de Jesús y a buscar para ellos la salvación.