(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
No sé a vosotros, pero estas “historias” del infierno me ponen los pelos como escarpias. Lo malo es que nadie a venido desde allí
para contárnoslo en persona y no nos queda más remedio que echar mano, otra vez, de la fe en Jesús. Pero hay algo curioso, en el evangelio aparece el mismo número de veces el cielo y el infierno, luego, tendrá su importancia. Consideramos a Dios- Padre como el culmen del Amor, de la misericordia,… y podemos llegar relativizar la existencia del castigo eterno. La parábola de hoy es muy clara, y… “Cuando veas las barbas del vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Revisa cuales son tus gastos superfluos, tus prioridades económicas, tu falta de confianza en la providencia, tu forma de vivir, si te sientes austero (=libre) o consumidor(=atado siempre de una necesidad)
Mira, todos tenemos hipotecas, nuestros trabajos, con esto de la crisis, no están ni mucho menos seguros, los niños exigen gastos poco previsibles a veces… ¿Qué solución le damos si no nos sobra el dinero pero queremos agradar a Dios?
De primeras, podíamos empezar a ser algo más austeros por ejemplo con los placeres que nos da la comida. Vamos a privarnos alguna vez de aquella delicatessen que nos gusta tanto, de esa cervecita tan buena (las otras también están buenas), de ese restaurante algo carillo…Y ese sacrificio, que tenga respuesta, lo que me he ahorrado, al bote de nuestra aportación. Quizás algunos días podemos ir andando sin coger el autobús, no comprarnos alguna ropa y en cambio reciclar o arreglar algo. O mira, quítate del tabaco, por qué no.