(matrimonio, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Cuantas veces andamos tras del hermano acusándolo, como hacían los escribas y los fariseos con la mujer adultera. Incluso nos enojamos tremendamente cuando no hace las cosas como creemos debería y damos nuestra lección de cual tiene que ser su actitud. Pero la condena no lleva a la salvación. Pocas veces nos paramos a mirar el por qué de su comportamiento. Si miramos las causas, casi siempre entenderemos las acciones. Y eso nos llevara a la misericordia, para desde ella, sin justificar, intentar rescatar a ese hermano y poder decirle “vete y no peques más”.
¡Cuantas veces tras acusar al otro, nos vemos haciendo lo mismo por lo que le hemos enjuiciado!
Para evitar convertirnos en jueces que condenan a los demás, os invitamos en esta semana, en el momento reservado a la oración diaria, a hacer el ejercicio de mirar en nuestro interior, para reconocernos pecadores. El aceptar nuestros errores, nos llevará a ser personas más misericordiosas, humildes e incluso amables con los demás. El que esté libre de pecado…
Reconoce tu culpa cada vez que critiques. Busca la salvación del que tienes a tu lado y su conversión desde la tuya propia.