(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Nos encontramos ante el episodio de Tomás “el incrédulo” tras la Resurrección. Podemos encontrar muchas similitudes en este pasaje con nuestra vida. No es que nos encontremos con esa situación física en concreto, pero sí que podemos mantener esa actitud frente a diversas “señales” que el Señor nos manda, simplemente para iluminarnos el camino, alegrarnos el dia, manifestar su Amor por nosotros… Pueden ser enviadas a través de personas cercanas, noticias inesperadas, acontecimientos que nos pillan por sorpresa… Si algo tiene que cambiar nuestra vida tras la Resurrección, es la capacidad para dejarnos sorprender por el Señor, estar abiertos a todo, a que se manifieste por las vias y canales más variopintas. La Pascua es un tiempo de Gracia donde es aún más propicio para ello. Estemos atentos pues a esos signos, creamos en ellos, no dudemos, tengamos fe en el Señor que viene a nuestro encuentro y nos dice: ¡¡Adelante, sal de tu tierra, no temas…!! La sensibilidad para descubrirlas nace de la oración y de estar “conectados”. Decía un santo, que crecía en la oración cuanto más amaba al hermano, por que ambas cosas van de la mano. Os proponemos hacer un pequeño juego en la vida, intentar “desenmascarar a Jesús”, quitarle esa capucha ficticia que tiene tras cada cosa, sea gozosa o dolorosa, dandole las gracias y alabándolo cuando descubramos su presencia. Eso nos proporcionará a lo largo del dia, una gran alegría, sobre todo, cuando seamos capaces de descubrirlo en los momentos dolorosos. Feliz Pascua a todos por que feliz será vuestro “descubrimiento”. Y si no somos capaces de verlo, por que estemos en una racha malilla, o por que la “conexión falla”, no importa, pongamonos a amar al hermano y poco a poco nos pondremos en la onda adecuada.