PARA VIVIR ESTA SEMANA

(matrimonio, dos hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

“Se conmovió”. Esta es la palabra que ha quedado resonando, tras orar con este texto. El padre de la parábola, se conmovió al ver a su hijo y salió corriendo a su encuentro. Conmoverse. Así es el amor de Dios hacia nosotros. Le lleva a conmoverse, a lanzarse a nuestro encuentro con “los brazos abiertos”, antes de que lo hagamos nosotros. Así es su capacidad de perdón.
Os invitamos durante esta semana de Cuaresma a que reflexionemos sobre todo aquello que nos ha hecho derrochar la “fortuna” que nos ha dado nuestro Padre Dios. Pensemos cuan mal vivimos por ello, cuantas “necesidades” tenemos a causa de este despilfarro. Vayamos luego a su casa para decirle “Padre he pecado contra el cielo y contra ti…” Acerquémonos a recibir el sacramento del Perdón. Dejemos que el Padre nos abrace a través de él. Sintamos ese abrazo del que tanto se “conmueve” por nuestro arrepentimiento, por nuestra vuelta, del que nos acoge y perdona porque solo quiere nuestra alegría y paz. Dejemos que nos conmueva y nos emocione ese modo que tiene Dios de querernos.
Os invitamos también a pensar en aquellos que hay a nuestro alrededor que nos hacen daño, que nos han hacen mal…. El padre de la parábola, ya había perdonado al hijo antes de que este llegara a él. Por eso no busca su castigo, ni su escarnio público… Hagamos nosotros el ejercicio del perdón interior. Miremos y comprendamos el por qué del comportamiento de los que nos lastiman. Dejémonos conmover por las debilidades, limitaciones, pobrezas… (que en tantas ocasiones son las nuestras), del hermano que nos hiere. Y si podemos acerquémonos a alguno de esos hermanos. Intentemos “abrazarle” con palabras cargadas de misericordia y compasión, con nuestros gestos, con lo que expresamos… buscando con ello su salvación y no su condena.


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