(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Del evangelio de hoy podemos sacar muchas enseñanzas para nuestra vida, la principal: es intentar cambiar nuestra “aguada vida cristiana” carente del vino de la ilusión, del testimonio…A Jesús y a María, cogiendo el símbolo del vino, les importa más la alegría de la salvación, de la amistad, del amor entre los sentados a la mesa (todos nosotros), que tanta agua preparada para purificarse, como tenían en esa boda judía. No tenían vino, pero sí seis tinajas de cien litros de agua para purificarse…De la actitud de María, destacamos su delicadeza y atención al detalle. Luego, su gran humildad y su absoluta confianza en que Jesús hará el milagro. Cuando un hombre es verdaderamente grande, de ninguna manera le estorba, sino todo lo contrario, que los que son más pequeños que él, concurran, colaboren y crezcan. Eso, precisamente hace que se distingan de los hombres ruines. Aceptemos en nuestra vida la colaboración de los demás, y seamos colaboradores, todos, de Dios. También, por supuesto, mediadores, unos de otros, buscando, en la oración, el camino de la relación con Dios, siendo la fuente del encuentro y de la acogida de ese Dios que se manifiesta en las necesidades de los más desfavorecidos. Por tanto, alegría y no formalismos; cooperación, misión compartida y no autosuficiencia; atención en los pequeños actos de amor, y no despiste y falta de detalle.
PARA VIVIR ESTA SEMANA
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