PARA VIVIR ESTA SEMANA

(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Esta es la fiesta culmen de la Pascua de Resurrección. Viene justo después de la de la Ascensión, la del Domingo pasado. En ésta, haciendo un símil, Jesús, adquiría una visión especial, desde lo alto, como cuando subimos a un monte para ver una mejor perspectiva de la ciudad, de un paisaje…Es justo en Pentecostés, cuando se nos concede el don de tener esa misma mirada de Jesús, cargada de cariño, de comprensión, de paz, de sabiduría, de mansedumbre… ¿Os imagináis si lo miráramos todo como Jesús? Una de las cosas que nos pueden ayudar, es procurar mirarlo todo “con perspectiva”, intentando mirar más allá de lo inmediato, no ahogándonos en un vaso de agua, ¡cuando se vislumbra tanta tierra firme más adelante…!   Los miedos, el deseo de buscar una seguridad  a toda costa, tiene unos efectos nocivos sobre nuestra personalidad, nos hace ser más desconfiados, reservados, tener una mirada impura…
Confiar en los dones del Espíritu, además, nos debe hacer implicarnos aún más en la misión apostólica propia, tomar parte activa en la evangelización, en intentar transformar las realidades temporales, en querer, en definitiva, más a nuestra Iglesia.
Pero esto, no puede quedarse en un día, el Señor me concede este don y punto. No, esto podemos asemejarlo a un fuego, un fuego que arde en nuestro corazón, infundido por el encuentro con Dios. Si no alimentamos ese fuego se apaga.
Y, ¿cual es el combustible, la leña?: nuestro yo egoísta, nuestra comodidad, nuestra mediocridad, nuestras inseguridades… Todo esto es lo que, quemándolo en el día a día, nos hace mantener viva la llama de Pentecostés y “conquistar esa mirada de Dios” de la que hablábamos.


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