(matrimonio, tres hijos, él trabaja, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Nosotros no hemos tenido la gracia de presenciar todas esas manifestaciones del resucitado que tuvieron los primeros cristianos, qué más quisiéramos…
Sin embargo, a lo largo de nuestra vida, sí que hemos podido experimentar esa resurrección del Señor. ¿Cuándo? Pues cuando hemos sido capaces de ofrecer, por amor, algún dolor, ya sea de tipo espiritual o físico. Hemos sido capaces de redimir por completo eso que nos atenazaba y creyendo en que, muriendo somos capaces de resucitar, hemos experimentado una alegría especial, en nuestra alma se ha depositado una calma, una paz, desconocida antes, y hemos sido capaces de afrontarlo todo con una fuerza que a nosotros mismos nos ha dejado asombrados. Ése es Jesús Resucitado que te visita en tu casa, que se pone en medio y te da la fuerza de su Espíritu Santo.
Ahora bien, eso no quita que seamos muchas veces incrédulos como Tomás y que traicionemos al Señor. Y tenemos la misma responsabilidad que él, por que no lo hemos visto, pero lo hemos experimentado, que casi es lo mismo. Y sin embargo, empezamos con nuestras ñoñerías, excusas, nuestras cosas de niño chico, “es que no puedo”, “es que no veo la luz”, “es que esto no hay quien lo aguante..”
Y entonces, Jesús, con todo lo que pasó, Él sí podía aguantarlo ¿no?. Cojamos el toro por los cuernos y convirtamos cada dolor en una fuente de paz y alegría, por amor al Señor.
Sin embargo, a lo largo de nuestra vida, sí que hemos podido experimentar esa resurrección del Señor. ¿Cuándo? Pues cuando hemos sido capaces de ofrecer, por amor, algún dolor, ya sea de tipo espiritual o físico. Hemos sido capaces de redimir por completo eso que nos atenazaba y creyendo en que, muriendo somos capaces de resucitar, hemos experimentado una alegría especial, en nuestra alma se ha depositado una calma, una paz, desconocida antes, y hemos sido capaces de afrontarlo todo con una fuerza que a nosotros mismos nos ha dejado asombrados. Ése es Jesús Resucitado que te visita en tu casa, que se pone en medio y te da la fuerza de su Espíritu Santo.
Ahora bien, eso no quita que seamos muchas veces incrédulos como Tomás y que traicionemos al Señor. Y tenemos la misma responsabilidad que él, por que no lo hemos visto, pero lo hemos experimentado, que casi es lo mismo. Y sin embargo, empezamos con nuestras ñoñerías, excusas, nuestras cosas de niño chico, “es que no puedo”, “es que no veo la luz”, “es que esto no hay quien lo aguante..”
Y entonces, Jesús, con todo lo que pasó, Él sí podía aguantarlo ¿no?. Cojamos el toro por los cuernos y convirtamos cada dolor en una fuente de paz y alegría, por amor al Señor.