(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)
Dios, Padre Bueno y Misericordioso,
Tú nos llamas hoy a ser la sal del mundo.
Tú nos invitas hoy a ser luz que brille
en medio de nuestra sociedad y del mundo.
Sal que dé sabor a la vida para que ésta tenga sentido.
Sal que se reparte, se disuelve, que no se ve,
pero que se percibe su carencia cuando falta en el mundo,
y que se nota enseguida el efecto de su presencia
en cada detalle de amor, entrega o ternura.
Sal que aviva el fuego de la misión a la que nos envías,
y los corazones de las persona que necesitan encontrarse contigo.
Tú, Dios nuestro, nos llamas a ser luz que ilumine la oscuridad;
luz que guíe los pasos hasta Ti del que camina perdido;
luz que genere calor y dé seguridad al que tiene miedo.
Luz que ayude a contemplar la belleza que Tú haz creado,
y que nos permita leer tu Palabra y transmitirla a los demás.
Tú, Dios Padre Bueno, ayúdanos a ser sencillos como la sal;
ten Misericordia de nosotros, y llénanos de tu Luz de Vida
para que nosotros podamos reflejarla al mundo y llegue a todos.
Ayúdanos, Dios Padre nuestro, a ser sal y luz en medio del mundo
y en nuestros quehaceres cotidianos de cada día,
con nuestros compañeros de trabajo, familiares, amigos,
vecinos y con nuestra comunidad parroquial.
¡Ten Misericordia y que tu Luz jamás se aparte de nosotros!
Ayúdanos, Dios Padre Bueno, a buscar siempre el bien común
para que la Luz de tu Amor se refleje a través de nosotros
y pueda llegar al corazón de cada persona. Amén.