PARA REZAR

(hombre, casado, trabaja, con tres hijos, pertenece a movimiento seglar)

Padre, gracias por recordarme que Tú me esperas al final de cada desvío,
de cada regreso, de cada error, de cada fracaso…
Que me aceptas con lo que soy y lo que tengo,
y que me acoges sin condiciones, ni reproches…
Gracias, Señor, por mostrarme que basta mi arrepentimiento,
mi necesidad de buscarte, de volver a encontrarte, de refugiarme en Ti,
para que me abraces de nuevo, para que me hagas sentir tu presencia…
Dios mío, que siempre seas mi referencia,
mi norte, mi auxilio;
y dame fuerzas también para reconocerte y valorar tu Amor,
cuando todo está en orden, cuando todo sale según lo “previsto”,
cuando me siento a salvo de tribulaciones y contratiempos…
Señor, que te descubra, te sienta y te viva, en mi rutina,
y que esta se torne para mí en oportunidad de disfrutar Contigo,
y en Ti…
Y que tenga la sensibilidad de sentirme querido y cuidado en ella,
de saberme siempre correspondido por Ti…
Padre, que no se me olvide la misión de ayudar al que lo necesita,
de socorrer al que se siente perdido,
de acoger al que acude a mí,
de perdonar al que me ofendió,
porque en esos gestos descubro, correspondo y testimonio cada vez que yo fui
socorrido, acogido, perdonado y apoyado por Ti.

(mujer, soltera, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

¡Dios, Padre nuestro, te damos Gracias porque tu Misericordia es eterna!
Te damos Gracias porque Tú nos tocas nuestro corazón
y transformas nuestras debilidades y miserias en buenas acciones.
Te damos Gracias porque Tú siempre nos esperas
con los brazos abiertos y tu Corazón cercano,
aunque nuestra sociedad intente alejarnos de Ti.
Te damos Gracias porque tu Amor y Misericordia
es más fuerte que todas las tentaciones del mundo
que intentan separarnos de tu Reino de Vida.
Te damos Gracias, Dios Padre Bueno, porque Tú nos salvas,
a todos y a cada uno de nosotros, sin exclusiones,
y por el Amor que Tú nos tienes, podemos dejarnos abrazar
por tu inmensa Misericordia que nos llena de bondad y nos transforma.
Te pedimos perdón, Padre Bueno, por todas las veces
que nos dejamos llevar por los prejuicios y las apariencias,
y por las veces que juzgamos y marginamos a los demás,
o excluimos de nuestras vidas a nuestros hermanos.
Dios Padre nuestro, Tú que eres Bueno y Misericordioso,
no nos dejes nuca caer en la tentación de la insensibilidad,
la insolidaridad, ni de la falta de caridad con nuestro prójimo.
Padre, ayúdanos a saber mirar con ojos misericordioso como los tuyos
a todas las personas que más nos necesiten, para poder ver con claridad
a los marginados y excluidos de nuestra sociedad, entregándoles ternura,
y recordando siempre que ellos son los preferidos de tu Reino de Amor.
Padre, enséñanos Tú a reconocer con humildad, que también todos nosotros
somos débiles y pecadores que necesitamos tu Amor Misericordioso. Amén.


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