Evangelio Seglar Domingo 17 de Mayo de 2026



Domingo 17 de Mayo de 2026

LECTIO DEL DOMINGO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

TIEMPO ORDINARIO – CICLO A

PRIMER PASO: LECTIO

¿Qué dice el texto?

 

Lectura del santo evangelio según Mateo 28,16-20

Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, paro algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

 

NOTAS BÍBLICAS

Esta lectura corresponde a la fiesta de la Ascensión del Señor, que en determinados lugares se celebra el jueves anterior. Sólo el evangelista Lucas narra la ascensión del Señor, en el ciclo C; el evangelista del ciclo A es Mateo.

Este trozo es el final del Evangelio, las últimas palabras de Jesús resucitado. Tiene lugar en Galilea, que al principio del Evangelio fue calificada como tierra de gentiles y Jesús una luz para ella; ahora se confirma. Lejos de Jerusalén donde las autoridades judías y romanas se confabularon contra Jesús (en el texto inmediatamente anterior, se ponen de acuerdo para contar que el cadáver de Jesús fue robado por sus discípulos del sepulcro). Concretamente en un monte -como cuando inició su enseñanza- , el monte “que Jesús les había indicado”. No hay constancia de esa indicación de Jesús; también puede traducir por “al monte donde Jesús dio sus indicaciones/enseñanzas”.

Jesús se “aparece” resucitado a sus discípulos. Estos le postran, en señal de adoración, gesto propio para con Dios, reconociendo a Jesús como tal. “Pero algunos vacilaban”, no sabemos en qué consiste sus dudas.

El resucitado ha sido investido de autoridad por Dios, el que había rechazado de manos de Satanás. En esta calidad, asegura su presencia con sus discípulos hasta el final de los tiempos/del mundo (no habla del final de la tierra)  

Mientras, ordena a sus discípulos que realicen el proceso completo de evangelización de la Iglesia: anuncia el el Evangelio (“id y haced discípulos”), incorporar a la Comunidad eclesial (“bautizándolos”) y catequizar (“enseñándoles”).

Que el bautismo se haga en nombre de la Trinidad (en Hechos vemos que al principio se hacía en nombre de Jesús), indica el retoque de un redactor posterior del evangelio.

 

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

 

DESDE LA ALEGRÍA DE LA PASCUA

(Hombre, casado, 3 hijos, trabaja, pertenece a comunidad eclesial y movimiento laical)

Hoy Jesús nos invita a la alegría del apostolado, de extender su amor. Alegría sí, a pesar de rechazos, incomprensiones, a pesar de las falsedades y del seguimiento hipócrita.

El apostolado obedece a la expansión del amor, porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

Recordemos que nos pide que enseñemos todo lo que nos ha mandado. Lo que gusta y lo que no gusta tanto, lo bonito y lo controvertido. Aunque nos manden callar o nos digan que nos metemos en política. A Él también lo intentaron silenciar.

Y regocijémonos finalmente porque Él está con nosotros todos los días, dentro de nosotros, animándonos, alentándonos, alegrándonos.

 

desde EL TRABAJO

(Hombre, casado, 3 hijos, pertenece a una comunidad de laicos)

Una palabra con múltiples significados. En la sensibilidad actual, el monte es a menudo sinónimo de naturaleza. Un lugar que nos invita a caminar sin prisa, respirar oxígeno premium y poner el móvil en modo avión. En el pasado reciente, echarse al monte tenía connotaciones muy alejadas del ocio saludable. Finalmente, en los tiempos bíblicos, subir un monte era algo parecido a acudir a una cita con la divinidad. Hoy quizá lo llamaríamos un encuentro de oración, ¿no os parece?

Dice la lectura que algunos discípulos vacilaban. Y es fácil vacilar cuando de oración se trata, en especial cuando hablamos de orar en la vida diaria, en medio de las azarosas circunstancias de una jornada laboral cualquiera. A veces caigo en la tentación de pensar que Dios prefiere revelarse en la luz tenue de una vela, acompañada por música marcadamente religiosa y olor de incienso sagrado. Por supuesto, Dios también me espera en el recogimiento de estos ambientes. No obstante, como laico que soy plantado en el mundo, siento que mi reto fundamental se juega allí donde se cruzan los caminos. En el intrascendente partido de fútbol de mis hijos, en el concierto con los amigos del fin de semana, en la compleja reunión de trabajo del jueves que viene… El monte que Jesús me ha indicado tiene nombre, y se llama cotidianidad.

La suerte está en que, mi despacho, tu taller, su situación de desempleado, por mucho frío que en ocasiones desprendan, nunca podrán separarnos del cariño y el respaldo de Jesús. Jesús no me propone una misión para luego desaparecer. Su promesa de compañía también tiene nombre, y se llama incondicional.    

 

TERCER PASO: ORATIO

¿Qué nos hace decir el texto?

(Hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad eclesial)

Presencia

 

Señor Jesús.

 

Presencia en nuestros abrazos,

como el ardiente amor que nos une.

Presencia en nuestras acciones,

como la ardiente energía que nos impulsa.

Presencia en nuestra adoración,

como el ardiente misterio que nos sustenta.

Presencia en nuestras alegrías,

como la ardiente confirmación de nuestra fe.

Presencia en nuestras amistades,

como el ardiente sustento en estos extraños tiempos.

Presencia en nuestros aprendizajes,

como el ardiente estímulo para nuestro crecimiento como seres humanos.

Presencia en nuestras búsquedas,

como el ardiente reclamo para nuestros corazones inquietos.

Presencia en nuestras caídas,

como la ardiente confirmación de que lo negativo no es la última palabra.

Presencia en nuestras calles,

como la ardiente vitalidad del corazón humano.

Presencia en nuestros caminos,

como la ardiente luz que nos atrae.

Presencia en nuestras canciones

como la ardiente inspiración que nos eleva.

Presencia en nuestros cansancios

como la ardiente esperanza que nos habita.

Presencia en nuestras casas

como la ardiente certeza de tanto amor inacabable.

Presencia en nuestras celebraciones

como la ardiente alegría de la vida compartida

Presencia en nuestros compromisos

como la ardiente esperanza activa de un mundo mejor.

Presencia en la comunidad reunida

como la ardiente urdimbre que nos une.

Presencia en nuestra confianza

como la ardiente sed saciada por amor.

Presencia en nuestras conversaciones

como la ardiente mirada que busca lo mejor de la vida.

Presencia en nuestros corazones

como la ardiente pasión por una amor sobre todo amor.

Presencia en nuestras cruces cotidianas

como la ardiente esperanza de que todo acabará bien.-

Presencia en nuestros cuidados

como la ardiente ternura que ayuda a salvar al mundo.

Presencia en nuestros descansos

como una ardiente paz que nos serena.

Presencia en nuestras decisiones

como una ardiente respuesta a una llamada que nos da la vida.

 

Amén. Aleluya. Aleluya. Aleluya.

 

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO

¿Quién dice el texto?

(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

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ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?

 (Mujer, casada, 1 hijo, trabaja,  pertenece a comunidad eclesial y movimiento laical)

Sin duda, hoy resuena en mí el envío misionero… después de estas semanas, ¡el Señor nos envía a anunciar su Buena Noticia allá donde vayamos! Es el momento de poner tu mirada en aquellos ámbitos que son campo de misión para ti. De pensar en el modo de acercar aquello que es el centro de tu vida a otros. Mira a tu alrededor y pon nombre y apellidos a las personas que pueden estar esperando sin saberlo que alguien les hable de este evangelio que transforma la vida y te hace descubrir el amor de Dios. Ellos son ahora tu campo de misión. Vuelve continuamente a la Palabra para empaparte de Jesús y sus discípulos en el estilo de hacer tuya esta tarea.

No vaciles. No será tu fuerza la que te impulse, ni será tu orgullo quien te mantenga fiel… Jesús te da lo necesario. Quien te envía, te sostiene. La promesa es clara: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. ¡Ánimo! Todos compartimos la misión de la Iglesia, todos somos discípulos misioneros.

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