LECTIO DEL DOMINGO DE LA FESTIVIDAD DEL CUERPO DE CRISTO
TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?
Lectura del santo evangelio según Juan 6,51-58
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.” Disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.”
NOTAS BÍBLICAS
Jesús está en Cafarnaúm, en su sinagoga (v. 59). Está interpelando a la élite judía (v. 41).
Todo comenzó cuando hizo el signo de dar a comer a más de cinco mil personas con cinco panes (vv. 5-13).
Desde entonces le persiguen, pero Jesús les invita a que busquen el alimento que les da la vida eterna (v. 27); para ello han de creer en Él (v. 29). La élite judía le exige para eso una prueba, como Dios que en el desierto les dio el maná, un pan bajado del cielo (vv. 30-31). Jesús les dice que Él es el nuevo Pan bajado del cielo (v. 35 y otros después donde lo repite). Y ahí surge el conflicto, porque la élite empieza a comentar entre sí que ellos conocen a su padre y a su madre, que por tanto no han descendido del cielo como pretende hacerles creer (vv. 42-43). Les cuesta aceptar la encarnación del Hijo de Dios, el hecho de que naciera de mujer: “La Palabra se hizo carne” (1, 14).
En el trozo que se lee en el Corpus, la cosa se complica, porque Jesús va más allá y no sólo se presente como alimento de vida eterna, como podría ser su mensaje, sino que ahora presenta su humanidad -su carne- como ese alimento (v. 51), con lo que hace escandalizar a sus oyentes (v. 52). Pero Jesús no sólo insiste, sino que además dice que el alimento de vida eterna está en su Pasión y Muerte -en su carne y sangre-, aún por suceder (v. 53), profundizando aún más en el misterio de su encarnación.
Insiste en los verbos comer-beber, que es asimilarse con él (v. 56). Eso da la vida eterna, y no como el anterior pan bajado del cielo, el maná, que sólo servía para la vida mortal (vv. 57-58).
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LO COTIDIANO
(Mujer, casada, 3 hijos, trabaja, pertenece a una comunidad de laicos
Cuando leo este Evangelio, siento que Jesús conoce muy bien mi corazón. Muchas veces busco llenar mi vida con ocupaciones, proyectos y preocupaciones, pensando que ahí encontraré la felicidad o la tranquilidad. Sin embargo, hay momentos en los que, aun teniendo muchas cosas, siento que algo me falta.
En esos momentos, las palabras de Jesús cobran un sentido especial: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo”. Me recuerdan que hay una necesidad profunda en mi corazón que solo Dios puede llenar. Cuando me apoyo únicamente en mis fuerzas termino cansada, preocupada o incluso perdida, pero cuando dejo espacio a Dios encuentro paz y esperanza.
La Eucaristía es para mí el signo más grande de ese amor. Me emociona pensar que Jesús ha querido quedarse tan cerca que se hace alimento para acompañarme en mi camino, para sostenerme y darme fuerzas. No porque yo lo merezca, sino porque me ama.
Cuando me acerco a Él con mis alegrías, mis preocupaciones y mis limitaciones, descubro que siempre me acoge y me levanta para seguir adelante. Y también me hace preguntarme cómo puedo ser yo pan para los demás: cómo puedo ayudar, escuchar, acompañar y compartir un poco de lo que soy.
Este Evangelio me recuerda que no estoy sola, que Jesús camina conmigo cada día y que su amor es el único alimento capaz de saciar de verdad mi corazón. Y que quizás el mayor milagro de la Eucaristía es descubrir que Dios se hace tan cercano, si lo dejamos, que entra en nuestra propia vida para enseñarnos a amar como Él ama.
desde EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(Hombre, casado, 3 hijos, pertenece a comunidad eclesial y movimiento laical)
Estamos acostumbrados a comparar la vida humana con un camino, lleno de dificultades, cuestas empinadas, jornadas de calor o incluso accidentes. Si concretamos esto en la vida familiar, la metáfora sigue siendo válida. Enfermedades, discusiones, hostilidad, incomprensiones, egoísmos, faltas de amor.
Hoy Jesús nos ofrece el alimento para el camino. Aunque conviene recordar que es un alimento que no elimina los momentos duros, sino que da la fuerza para afrontarlos, no allana las cuestas, proporciona la energía para subirlas, no aminora el calor, reconforta la sed.
El Cuerpo y la Sangre de Jesús no hacen que desaparezcan las necesidades de luchar. Garantizan la energía para hacerlo. Para ese acercamiento que no llega, ese perdón necesario y ese amor en el cuidado que nos va haciendo avanzar en el camino.
TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?
(Hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad eclesial)
Señor,
presencia de las presencias,
ante ti,
contigo,
por ti,
ante la inmensa comunión que revelas,
ante la inmensa santidad que irradias,
ante el inmenso misterio del misterio que nunca falla
te decimos desde nuestro corazón
que nos alimentes para…
Ser de los que abren caminos de encuentro donde otros solo ven fronteras, distancias y amenazas.
Ser cauces de compasión activa para no pasar de largo ante el dolor ajeno como si nada nos concerniera.
Ser signos de sobriedad alegre en este mundo devorado por el consumo, la comparación y el deseo sin límite.
Ser testigos de una alegría profunda que no nace del ruido, del consumo o del éxito, sino de saberse amados.
Ser aprendices de misericordia allí donde otros prefieren levantar juicio, distancia y condena.
Ser transparencia cotidiana del amor de Dios en un mundo que necesita volver a creer que la salvación puede empezar por un gesto sencillo.
Ser transparencia de tu amor en este mundo roto que necesita volver a creer en la bondad.
Ser de los que anuncian, con palabras y obras, que la humanidad no está condenada al egoísmo, sino llamada a la comunión.
Ser testigos de la belleza del Evangelio en medio de una cultura cansada de discursos falaces sin vida.
Ser servidores discretos del bien en este mundo obsesionado con el reconocimiento, el aplauso y la apariencia.
Ser testigos de una bondad resistente en este tiempo inclinado al cinismo, al desprecio y a la indiferencia.
Ser alfareros de humanidad capaces de modelar gestos de cuidado, paciencia, perdón y delicadeza.
Ser alfareros de ternura capaces de modelar gestos sencillos de acogida, perdón, cercanía y cuidado.
Ser orfebres de reconciliación capaces de trabajar con delicadeza las grietas más dolorosas de la convivencia humana.
Ser cuidadores de la casa común en un mundo que hiere la tierra como si no fuera hogar, madre y herencia.
Ser sacramento humilde de cercanía en ciudades donde demasiadas personas viven rodeadas de gente, pero profundamente solas.
Ser lámparas encendidas de compasión en este mundo tantas veces oscurecido por la indiferencia, el recelo o la malevolencia.
Ser sembradores de bondad y verdad concreta en este mundo cansado de discursos vacíos y promesas incumplidas.
Ser manos abiertas de consuelo en este mundo herido por tantas soledades invisibles.
Ser guardianes de la creación en este mundo que explota la tierra como si no fuera casa común.
Ser defensores de los descartados allí donde los pobres, los migrantes, los enfermos y los frágiles quedan al margen.
Ser orantes de corazón despierto, capaces de sostener ante Dios las lágrimas, los anhelos y las preguntas del mundo.
CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?
(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?
(Mujer, casada, 3 hijos, trabaja, pertenece a comunidad eclesial y movimiento laical)
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” Jesús no está hablando en símbolos raros. Está diciendo: “Quiero quedarme dentro de ti para que no vayas solo”. Eso es la Eucaristía. Pero ¿cómo se lleva eso al día a día?
Pues lo primero que tenemos que hacer es alimentarnos de ÉL a través de la Eucaristía.
Jesús dice “el que coma de este pan vivirá para siempre”. La vida diaria nos vacía: trabajo, prisas, redes sociales, WhatsApp, problemas. Un cristiano vive esto yendo a Misa no por “cumplir”, sino como quien va a desayunar, para llenarnos de ENERGÍA . Igual que sin desayuno no aguantas el día. Sin Eucaristía el alma se apaga. La Eucaristía es como decía San Carlo Acutis ” nuestra autopista hacia el cielo.”
Entre semanas a veces por horarios laborales no puedo ir a misa pero si hacemos oración aunque sea solo 5 min en silencio antes de salir de casa: “Señor, quédate en mí hoy”. Es estar unido ya al Señor , es llevar la Comunión a mi corazón.
“Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. Si Jesús está en mi, se nos debería notar en todo , hasta en los andares, en mis reacciones , en la forma de tratar a los demás.
Cuando te dan ganas de criticar al compañero, recuerdas: “Cristo está en mí”. Y eliges callar o ayudar en vez de juzgar. Con la familia: El pan que da vida se reparte. Si Él te alimenta, tú alimentas: una palabra buena, positiva que da ánimo, escuchar sin el móvil en la mano.
Con los enfermos: La Eucaristía te hace “pan partido” para ellos: dar tiempo sin prisas, una mirada que acoge , que dice aquí estoy. Eso es Cristo dándose a través de ti.
No tienes que poder con todo solo. El cristiano del día a día es el que dice: “Señor, hoy no puedo con esta reunión, con este paciente difícil, con esta factura… pero tú sí puedes en mí”.
Antes de algo que te agobia, respira y di: “Jesús, vive tú esto en mí”. Es dejar que Él trabaje desde dentro.
“Señor, que hoy yo sea tu pan para alguien”.
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