LECTIO DEL XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
TIEMPO ORDINARIO – CICLO A
“ABIERTO POR VACACIONES”
Los seglares que comentan el Evangelio cada domingo, se toman un descanso.
En septiembre se reanuda el servicio habitual.
En AGOSTO ofrecemos cada semana algunos comentarios realizados
mientras se disfruta de las vacaciones y en referencia a ellas.
Lectura del santo evangelio según Mateo 14,13-21
Comieron todos hasta quedar satisfechos
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.” Jesús les replicó: “No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.” Ellos le replicaron: “Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.” Les dijo: “Traédmelos.” Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
NOTAS BÍBLICAS
La liturgia se salta el relato de la decapitación de Juan Bautista (que se proclama en la memoria de su martirio, el 29 de agosto): “Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto”, si bien “cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados”. (v. 13); por esa razón, “al desembarcar vio Jesús una multitud”, que es lo primero que proclama el evangelio de este domingo.
Al “ver” la multitud, Jesús “se compadeció de ella y curó a los enfermos”.
Una multitud en el desierto evoca la marcha de Israel en el desierto, donde, ante el hambre, fue alimentado por Dios con el maná y las codornices. En el relato de hoy, Jesús mismo, como hizo Dios, alimentará a la gente con pan y peces.
El “atardecer” inaugura un diálogo entre Jesús y sus discípulos sobre la presencia de la multitud, con dos actitudes distintas. Los discípulos quieren que Jesús “despida a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida”, que ella misma busque solución al hecho de estar “en despoblado y ser muy tarde”. Jesús, por contra, cree que “no hace falta que vayan”, y da la solución a sus discípulos: “dadles vosotros de comer”, los cuales objetan que solo tienen “cinco panes y dos peces”, probablemente su cena, cantidades totalmente insuficientes.
A partir de aquí Jesús realiza el milagro de multiplicación (el único milagro que se relata en los cuatro evangelios), siempre a través de sus discípulos, a quienes les ordena que le entreguen la comida. Él realiza con ella los gestos propios de la Eucaristía (como se reza en la Plegaria Eucarística II: Jesús, cenando con sus discípulos, “tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos”): “tomando los cinco panes… pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos”. A partir de aquí, aunque se suponen que los peces están, ya no se los vuelve a mencionar (a pesar de ser el alimento más importante), centrándose solo en el pan, por ser símbolo del Pan Eucarístico.
Son los discípulos quienes los reparten a la gente -cinco mil varones, más las mujeres y niños-, que “se saciaron”. El verbo griego usado para decir que se “saciaron” es el mismo utilizado en la bienaventuranza: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados” (5,6). Por tanto, el pan recibido, símbolo eucarístico, sacian a las personas en sus ansias más profundas.
Con lo sobrante, se llenan “doce cestos”, número que coincide con el de los doce apóstoles.
COMENTARIO DESDE LA PLAYA
(Hombre, casado, tres hijos, trabajan ambos, en vacaciones)
Comienza un nuevo verano, tiempo de descanso, de familia; en mi caso, de mar y familia. La Palabra del Domingo me coge todavía en el trabajo, cerrando asuntos, (solucionar problemas de la gente a eso me dedico). Me dice quién bien me quiere que es mi tarea que es donde debo realizarme como cristiano, me cuesta quedarme con eso, siempre me acuerdo del joven rico no sé por qué. Pero bueno, quizás tenga razón. Me acerco, algo nublado todavía, a la Palabra, con la mente en mil sitios, y me quedo con la profunda humanidad de Dios Jesús, tras la muerte de Juan, necesitó su tiempo, seguramente sus lágrimas, su silencio. De ahí recoge, en unión con su Padre, nuevo impulso para su gran tarea y se encuentra con que le gente le había seguido y no tenían para comer. ¡Cuánta hambre de Dios! ¡Cuánta necesidad de él!
Tiempos nuevos se nos avecinan, no dejemos de seguirle y estar cerca, a pesar de lo que cueste él siempre se dará como la comida necesaria para seguir adelante. Vamos allá, que comience el verano en familia, que el silencio también nos calme y que tengamos más ratos de encuentro con Dios, tan necesario en estos momentos.
por
Etiquetas: