(mujer, casada, ya jubilada, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
En el Evangelio de este cuarto domingo de Pascua, Jesús nos habla de rebaño y de ovejas. Jesús es el pastor, pero no lo es de manadas sino de cada oveja en particular. Tú me cuidas personalmente, me quieres, me instruyes y me introduces en el amor. A mí, como a ellos, sólo me queda responderte con el seguimiento; escucho tu voz que me da plena seguridad porque estoy en tus manos y en las del Padre.
Es una relación de amistad, intimidad, cuidado, la que Jesús nos ofrece, son lazos tan estrechos que lo llevan a querer que ninguno de nosotros nos perdamos.
Lo sorprendente de esta relación es que nos llama, a los cristianos, a ser pastores: mi marido, mis hijos, mis amigos, todos los que me rodean son ovejas a las que conozco, oyen mi voz y ellas me han de seguir en el camino hacia el Padre.
La manera que me propone Jesús para conocerlas, es imitando esa estrecha relación de amistad, amor y cercanía que Él me ofrece.
Me conforta la promesa hecha a las ovejas que le siguen; la vida eterna.
Pido al Señor que nos concede esa gracia.
DESDE LOS SIGNOS DE LA “NUEVA CREACIÓN” EN LA VIDA COTIDIANA
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