(mujer, casada, con cuatro hijos, voluntaria de Cáritas)
Este evangelio nos deja claro que la ley que agrada a Dios y que quiere que practiquemos, es la Ley del Amor. De nada sirve nuestro culto si tenemos algo contra nuestro hermano. Podemos creer que, al no tener ningún enfrentamiento grave con nadie, estamos en paz con Dios. Quizás deberíamos despertar y ser conscientes de que todos somos responsables de las situaciones de necesidad que sufren nuestros hermanos. ¿Nos preguntamos alguna vez qué estamos haciendo para remediar el dolor de los demás? Creo que esta sería la mejor ofrenda que podríamos presentar ante el altar: compartir lo que somos y tenemos con el que sufre.