¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS NECESITADOS
(hombre, casado, 2 hijas, trabaja en caritas, pertenece a movimiento seglar)
Hay dos aspectos de Simeón y de Ana que me llaman bastante la atención en esta lectura. Por un lado hay una actitud, una apertura de corazón para reconocer y recibir a Jesús en sus vidas. Y por otro lado, están en el lugar adecuado para encontrarse con Jesús.
Esto me hace pensar en dos aspectos en mi vida. Primero, el lugar del encuentro. Es cierto que Dios está en todas partes, y debemos estar abiertos a lo imprevisible, pero también es cierto que poco a poco he ido descubriendo mi lugar en el mundo, lugar, en sentido amplio y no solo geográfico, en el que siento que soy feliz, y donde voy descubriendo el proyecto de Dios en mi vida. Ese lugar ha sido, y espero que siga siendo, el mundo de la pobreza y la exclusión, y en ese “lugar” Dios se manifiesta con fuerza, con intensidad.
Testimonios de vida, historias difíciles, esperanzas, miedos, sueños… es un lugar donde Dios está presente y, paradójicamente, se hace difícil en ocasiones verlo cuando descubres todo el dolor, el sufrimiento y la injusticia que allí está presente.
Eso me lleva a plantearme el segundo aspecto, la apertura de corazón. Ante el sufrimiento y la exclusión, ante el dolor, creo que lo que nos queda es compartir nuestras vidas, para tratar de transformar juntos la realidad, para soñar juntos el sueño de Dios, un mundo más justo para todos. Abrir el corazón, para encontrarnos con quienes sufren, caminar juntos y descubrir en la injusticia la mano de Dios que nos llama a cambiarlo todo y ser felices. Y no olvidar que en mi vida, ese es el lugar donde un día, José y María pasaban con Jesús entre los brazos.
DESDE LOS ABUELOS
(mujer, casada, jubilada, 3 hijos, 2 nietos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Me pongo a hacer esta reflexión después de ver el telediario, las malas noticias se suceden unas a otras: las revueltas en Ucrania, manifestaciones violentas en Zaragoza por el tema de Gamonal (que no tiene nada que ver con ellos… pero bueno hay que unirse a las protestas y armar camorra), despidos en Coca-Cola, revueltas en Egipto, dos muertos más como consecuencia de la gripe A. La gente preocupada por si la Infanta hará o no a pie el paseíllo para ir a declarar al juzgado, primera página al vodevil de las infidelidades del presidente Hollande… y para colmo el que nunca da disgustos: Rafa Nadal, va y se le pilla la espalda perdiendo el Open de Australia, ¡lo que nos faltaba!. Y una no deja de sorprenderse de la oscuridad en que se debate el mundo que nos toca vivir. ¡Nos envuelve tanta confusión! ¡Tanta corrupción! ¡Tanta mediocridad! ¡Tanto egoísmo! ¡Tantas opiniones en materias muy graves! ¡Tanto error!… Y nos quejamos, y debatimos, y nos revolvemos contra tanta tiniebla. Y en medio de todo esto el Señor sigue hablándonos, intentando poner un poco de cordura. Poniendo Luz, porque este domingo celebramos la fiesta de la luz (Candelaria). La fiesta de la Presentación. En vez de gritar contra la oscuridad, encendamos nosotros la luz como Simeón y Ana, dos personas buenas, llenas del Espíritu, que son capaces de ver lo que otros no ven: que el Mesías ha llegado. Encuentran al Señor en el atardecer de sus vidas. Para una es el culmen de lo que tenía que vivir, a la otra aún le quedan fuerzas para hablarles a todos de la experiencia de Jesús. Ellos representan la esperanza y el anhelo de la raza humana: La promesa de salvación se ha hecho realidad. El Señor que llega instaurando su luz, su amor, su paz. Pues vayamos en paz a su encuentro. Es un tiempo para que celebremos ese momento de llegada y de encuentro con el Señor en nuestra vida. De ese niño que es luz en medio de nosotros. Sigamos pasando el testigo de la luz a nuestros hijos, nietos y tantos otros, para que puedan ver a Jesús, encontrarse con él, tener contacto con su persona, con su palabra y con su obra. ¡Ojala que nadie se acerque a nosotros sin que se lleve un rayito de luz!