(Matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
La palabra de Jesús sigue resonando viva en el mundo de hoy. Nosotros, los cristianos, tenemos la misión de proclamarla con nuestra palabra y, lo que es más importante, con nuestro testimonio de vida.
En esta parábola de hoy, la del sembrador, nos debemos fijar en el riesgo que la semilla de la divulgación del Reino de Dios, corre si no es recibida por tierra fértil. El sentido fundamental de la parábola es la certeza de germinación. Acabará brotando el Reino de Dios.
El riesgo de que la semilla, en alguna determinada “tierra”, no fructifique es real. Las disposiciones del corazón pueden malograr el fruto. Como vemos, sólo la cuarta parte de la “tierra” es buena, la que corresponde a la actitud que Dios quiere en aquellos que escuchan su palabra.
Señor, que la indiferencia y el egoísmo no nos conviertan en mala “tierra” y no estorben, nunca, el crecimiento de la semilla de tu palabra en nosotros y en nuestros nietos. Esta es la gran preocupación, como abuelos; ya sabes Señor que todos los días, en nuestra oración conyugal, los ponemos en tus manos. Que tus palabras lleguen a sus vidas y encuentren la “tierra” esponjosa y abonada que necesitan para crecer y nada impida que den frutos en abundancia.