(Matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
En el Evangelio de Juan, de este domingo, Jesús reafirma su origen divino al decir que El es el pan que ha bajado del Cielo, para que todos tengamos vida eterna y la tengamos en abundancia. Es evidente que les habla de comer su carne y beber su sangre, cosa, esta última, que estaba prohibido y era intocable para el pueblo judío. ¿Cómo es posible que exija a sus discípulos no sólo comer su carne sino beber su sangre, algo que la ley judía no admitiría nunca?. Los judíos, y entre ellos los discípulos, se resisten, protestan, piden explicaciones. Jesús insiste: os aseguro que si no coméis mi carne ni bebéis mi sangre no tendréis vida. Pero no explica de qué manera. Él sólo busca una respuesta de fe.
Los judíos lo entendieron todo sólo en el sentido material. Es decir, no entendieron nada. Jesús quiere comunicarles y comunicar a las generaciones venideras, una realidad a la que sólo se llega por la fe.
Hoy comprendemos la clara alusión a la Eucaristía.
Pero, aún habiendo pasado más de veinte siglos, si hoy nos preguntaran se creemos, realmente, lo que dijo Jesús, ¿nosotros qué responderíamos?.
No es posible llamarse cristiano y vivir sin la Eucaristía. Señor, Tú sabes que queremos seguirte y esto mismo pedimos, desde el fondo de nuestro corazón de abuelos, para nuestros nietos; que ésta sea el centro de sus vidas, de cristianos comprometidos, no una rutina, que seamos y sean conscientes que llena nuestras almas de gracia, de fortaleza ante el pecado y vida, y nos abre el camino al disfrute de Tu Reino, incluso aquí en la tierra.