(Matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
El Evangelio de Mateo es corto pero claro y contundente. Los cristianos de hoy (una mayoría), desbordados por las prisas, metidos en múltiples quehaceres e instalados en parcelas, más o menos extensas (según, siempre, dada nuestra capacidad económica), de consumismo desaforado, no caemos en la cuenta de que Jesús, el día de su Ascensión a los cielos, nos nombró a todos sus seguidores, los de aquel momento y a todos los de generaciones futuras, entre los que nos encontramos, discípulos suyos (y si nos declaramos cristianos, lo somos) con el mandato de actuar como tales difundiendo sus enseñanzas y mandatos, no sólo con nuestra palabra, sino con lo que es aún más importante, con nuestras actitudes y obras, para promover la implantación, aquí, de su Reino, en cuyo cometido no estaremos nunca solos, pues su promesa fue clara, El estará con nosotros hasta la consumación de los tiempos. Debiéramos reflexionar detenidamente en esta lectura, para tener claro que nuestro cristianismo no es un traje que se pone uno y se quita según convenga al momento del día o la situación en que vivimos: trabajo, familia, relaciones sociales, política, etc. etc.
Señor, en cumplimiento de tu promesa, ayúdanos a tener la decisión, sin complejos ni inhibiciones, de propagar tus enseñanzas y comportarnos de acuerdo con ellas, allí donde nos encontremos, especialmente en la presencia de nuestros nietos, con los que tenemos un compromiso catequético por nuestra ascendencia y cercanía y que esas enseñanzas y ejemplos caigan en terreno fértil a sabiendas de que tenemos, en la figura del mundo que nos rodea, un competidor brutal. Gracias Señor por tu presencia, comprobada en múltiples ocasiones, entre nosotros.