DESDE LOS ABUELOS

(matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)

Juan es tajante en sus afirmaciones, que recoge Mateo en este evangelio, que está dirigido a todas las generaciones, también a las nuestras: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Y ¿cómo hemos de preparar los caminos del Señor?, él mismo nos lo dice cuando se dirige a los fariseos y saduceos: Dando frutos de conversión y la conversión no es un cambio de cualquier manera, es hacernos otro, bien distinto al que somos, instalados, cómodos, “felices”… con la que está cayendo, en los tiempos que nos ha tocado vivir, con más de cuatro millones y medio de parados, con casas en las que todos su miembros están desempleados, sin cobrar nada o, si acaso, en subsidio de cuatrocientos y pico de euros, que no dan ni para pagar la hipoteca de la vivienda; individuos desarraigados, sin familias, en exclusión social, pasando hambre; familias inmigrantes desechas porque uno de sus miembros se ha ido con otra o con otro, habiendo hijos de por medio, sin vivienda, sin ingresos, con el añadido del aislamiento por el desconocimiento del idioma. La conversión no significa que aumentemos nuestras plegarias o que frecuentemos más las iglesias, la conversión es implicarnos y sufrir con los que sufren a nuestro alrededor, dejando la mediocridad y siendo cada día más solidarios. Se nos va a juzgar, exclusivamente, por el amor no por ninguna otra cosa más. El amor nos hace trigo para el granero del Señor.
Señor, ayúdanos a desprendernos del ser viejo que nos apoltrona y a revestirnos del ser nuevo que nos pide, con radicalidad, San Juan, para que cuando vengas a aventar tu parva seamos trigo para tu granero y no paja para ser pasto de las llamas y este cambio seamos capaces de trasmitirlo, con nuestro ejemplo, a los que nos rodean, especialmente a nuestros nietos.


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